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martes, 26 de septiembre de 2017

El cuervo Dorado - Capitulo 1B - Parte 1

La brisa del mar hacía ondear mis faldas mientras dejaba atrás el puerto. Había emprendido el viaje al Nuevo mundo, el mundo despertado. De manera intuitiva me apoyaba en mi paraguas, muy probablemente no lo necesitaría en altamar pero era el legado de mi familia, y en esta importante misión no podría prescindir de él. Era una madrugada sin tormenta, pero no podía confiarme, estaba ante lo desconocido, y si bien, no era la primera vez que me confrontaba a mi misma, la responsabilidad que pesaba sobre mis hombros lo hacía distinto todo esta vez.

Atendí a los otros siete barcos enormes que estaban a mi alrededor, sus velas eran iguales de enormes a las que poseía mi galera, y estaban a buen recaudo, cada uno con cuatro barcos de guerra más pequeños guardando cada costado. Eran todos de madera pulida, de mastiles que se perdían en la inmensidad y de que de no ser por las velas se perderían en la infinidad, no quise pensar en el encargado de la vigilancia en el carajo. En un desperdicio, pensé, sin embargo, agradeci que la Federación se hiciera cargo de estos pormenores, la familia no gastaría el dinero de este modo, no en algo tan ostentoso como unos barcos así. Me pregunté: ¿Qué pasaría con todos aquellos que van en las otras galeras, en los barcos? Resultaba evidente que no todos sobreviviríamos, y aun así, se les veía muy orgullosos, ¿Acaso no tendrían tanto miedo como yo?

El sol se asomó y un viento impulsado por lo vigadores hizo comenzar a andar los barcos. Siempre me sorprendió la labor de esos hombres; esposados con cadenas y grilletes, desterrados por crímenes y recogidos de la calle, eran destinados a girar las manivelas que por medio de enredados mecanismos hacían que  fuertes vientos salieran de unas vigas que decoraban los puertos disparando chorros de aire que desencayaban a los barcos. Para esta ocasión por motivo de ser una ceremonia especial usaron a todos los vigadores de cada Federación. El impulso fue tal solo atiné a agarrarme de un costado del barco para no resbalar por la cubierta. Estaba en camino, y si bien, la misión no era llegar de primera al puerto torcaza sino a salvo, no había tiempo qué perder, así que en cuanto pude me incorporé y comencé a monitorearlo todo, no iba a permitirme ningún fallo. No esta vez.

lunes, 18 de septiembre de 2017

El Cuervo Dorado - Capitulo 1 - Parte 1

La Chica del Sombrero

¿En dónde estoy? ¿Es el mar? No veo claramente, apenas puedo respirar ¿Quiés es ella? Todo se oscurece, me hundo, me hundo. No entiendo ¿Por qué ella se hunde para arriba? ¿Necesitas ayuda?

Me desperté inquieto por aquél sueño. No era la primera vez que soñaba con ella, es más, habia llevado toda mi vida soñando con ella. Por supuesto, no es algo que sucediera todos los días, era más bien algo esporádico incluso, especial. Aquella chica... La rubia...

Pasado el impacto del sueño, me dispuse a alistarme, si bien, tenía al menos quince minutos más de sueño antes que tuviera que ir a trabajar, no quería correr el riesgo de quedarme dormido y no despertarme luego. Nunca le conté a nadie sobre mis sueño con la rubia, desde siempre fui muy tímido y no era mi estilo andar comentando trivialidades y menos en Bogotá, donde vivía solo. O bueno, no realmente solo, compartía apartamento con dos personas más: Natalia y Rubén. Natalia era una estudiante de la Universidad Nacional que estudiaba Química Farmacéutica y venía de Pereira, era una trigueña audáz y alegre, sus papás le ayudaban con la manutención; Por su parte, Rubén era un profesor de educación física de un colegio cercano en Chapinero, apenas se había graduado y era su primer empleo, él en verdad era una molestia los fines de semana porque junto con Natalia no teníamos idea de a qué horas llegaría o qué tan ebrio entraría por la puerta.

Miré el reloj, ya eran las cuatro y cincuenta de la mañana. Yo ya estaba preparando unos huevos para mí, y algo de café para los chicos, tenía al menos hasta las 6 para dejar todo listo. La siguiente en despertar era Natalia. - ¡Buenísimos días, Jorge! - Me saludó mientras corría para el baño tan traviesa como una gata llevando su toalla para bañarse. Su silueta era bien estilizada pese a ser de escasa estatura. - Hola Nata - Respondí mientras terminaba de limpiar la cocina en tanto terminaba la preparación. Ella ya vivía acá cuando me mudé hace un año y medio, y algunas veces me ha invitado de rumba con sus amigos de la Nacional. Me parece sorprendente que pese a que la mayoría de su grupo de amigos fuman marihuana, ella no lo haga. Recuerdo que una vez me dijo: Uy no, mijo, yo si tendría que estar muy llevada en la vida para comenzar a meter mierdas a estas alturas. Lo mio es más bien la cerveza, tu ya sabes Georg. Y no, mira, ¡Qué boleta uno andar oliendo a pisquero y los ojos rojos! Lo que pasa es que el parche es chévere y no te niego que es super divertido verlos así todos trabaditos, da como ternura, pero hasta ahí. No mijo, es que ni ácidos, no, no qué tal uno quede todo loco y encarretado en la vaina.

Salió ella y yo entré a bañarme para ir al trabajo. Tampoco es que llevara mucho afán, afortunadamente no me correspondía hoy abrir la tienda hoy. Yo trabajaba en una tienda de decoración por la 53 ahi entre la Nacional y la Caracas. Me despedí de Natalia y alcancé a saludar brevemente a Ruben.


Día 1 - Dejavú

Ha pasado ya, lo sé es una repetición fatal. ¿Qué es lo que debo hacer? ¿seguir firme hasta el final? Y yo sin querer proceder Me...