miércoles, 15 de noviembre de 2017

Agradecimiento

Hola a todos los que leen este blog.

De manera totalmente sincera quiero agradecer por todo el apoyo a mis lecturas a través de la caricia de su mirada. Fue un buen comienzo para sentirme más seguro, algó así como los primeros y cómicos pasos de cervatillo. Hoy, sin embargo, pienso que es momento de dejar esta etapa de lado y comcentrarme en proyectos más importantes, más ambiciosos y demandantes; desde luego con todo el rigor que ello implica.

No puedo más que darles las gracias por aportar cada uno desde su instancia, que en algún mometo me ayudó a fortalecer e impulsar mi creactividad. Espero me sigan apoyando con mis nuevos proyectos de los que por supuesto les estaré informando.

Sin más que decir, me despido. Gracias, buenas páginas y buenos trazos.



- Fenrir Plateado.

jueves, 9 de noviembre de 2017

Carlitos y el mundo - El Elefante de Madera Parte 1

En una de las salidas de domingo con papá, Carlitos y él fueron al parque más allá de la carretera, donde pocas veces iban por que era un lugar remoto y lejano. Carlito miraba en el camino las casas de estilo londinense que iban a lado y lado de la calle, y de vez en cuando apresuraba un poco el paso para ver las vitrinas, que estaban llenas de cosas coloridas, artísticas, en madera y otras manufacturas decorativas que son más lujos que otra cosa. Carlitos amaba la madera y esta salida le resultaba tan enriquecedora como el mismo no tenía idea.

En medio de los laberintos de las calles, llegaron por fin a un parque pequeño que tenia un árbol en todo el centro. El árbol era sumamente grande, anormalmente enorme para hallarse en medio de la ciudad, y sin embargo, allí estaba, desapercibido pero bien acogido por las casas al rededor del parque. Era como un rey entre los pequeños arboles de flores y Eucaliptos que había a su alrededor. Su madera era muy rugosa, incluso para un arbol, y su configuración daba para pensar que el árbol tenía ojos, ya que, tenía protuberancias concavas y convexas que convergían en us esquinas y tenían dentro una serie de circulos concentricos. Carlitos de algún modo se sentía atemorizado por el árbol, se sentía observado por tantos círculos en torno al tronco, y que, seguian elevándose conforme se trataba de ver el final del árbol.

Sin embargo, lo que más captó su atención fueron las raices. Éstas, no eran largos brazos decadentes enredados unos osbre otros, sino, obustos brazos que se sumergían en la tierra de pronto, con compromiso ferreo, pero estaban tan juntos y a la vez tan definidos que cualquiera que lo hubiera visto sabría de inmediato que tales raíces no se mezclarían jamás por debajo del suelo. Parecían la pata de un elefante. El papá de carlitos notó el interés del niño, y entonces repuso mientras se sentaban en una de las bancas de concreto: ¿Quieres oir la historia del Elefante de Madera? - Carlitos, motivado por la fantasía asintió callado para que la historia diera comienzo tan pronto como se pudiera. Don Carlos se aclaró la garganta y comenzó: "Había una vez..."

domingo, 5 de noviembre de 2017

El Zorro me presentó a Allende ¿O era al revés?

El Zorro, es decir, Don Diego de la Vega (¡Pero que nadie lo sepa, eh!) es un personaje conocido por todos, de encanto irrestible como cualquier antihéroe que se respete. Sin duda, uno de los íconos latinoaméricanos menos valorados, pero que representa una rara mezcla entre culturas que rara vez se podría contemplar.

Como habrán podido notar los que siguen este blog de cerca, he logrado en medio de tropiezos, y discontinuidades lograr leer un libro por mes pudiendo llegar hasta casi 6 libros leídos este año (teniendo en cuenta que pisé el acelerador luego de mitad de año), cosa que me supone un enorme logro. El más reciente libro:  "El Zorro - Comienza la leyenda" de Isabel Allende, a quien tenía pensado leer, pero este intrépido enmascarado realizó un rápida finta entre los estantes de la biblioteca y con su irrestible magnetismo me obligó a tomarme una pausa de mi recorrido por la literatura colombiana para dar una probada de la chilena.

Pero ¿Qué se puede decir de esta obra? Antes que nada, que me parece oportuna. Y de paso, aprovecho este punto introductorio para comentar que, si usted, estimado lector, espera encontrar un desarrollo de la película "La máscara de Zorro" de Antonio Banderas, como si la película de Sony fuera un resumen, lamento decirle que ambas obras son originales, independientes y desprendidas de la idea original del Zorro (creación semanal, que sería bueno que indgaran más, así como lo haré yo). Sin embargo, la obra de Allende involucra un universo más armonioso y articulado.

La autora nos va pintando un escenario, luego lo trasciende, y lo va infiltrando tanto hasta que uno puede caminar sin perderse en todos los espacios y sentirlos familiares. Y de manera sorprendente va educando a Diego con la misma sutileza de un zorro, y aún tiene la audacia de involucrarse ella misma mediante un homónimo en la vida del zorro (A que es un galán el tipo, ¿no?) Y nos cuenta cómo es que se va configurando este magnífico guerrero y cómo, cada habilidad no es una selección milagrosa de genes, sino un azar afortunado del destino que Diego de la Vega supo aprovechar bien.

Sin duda de las cosas que más me agradaron del libro fue la inclusión de personajes típicos del Zorro que no se notaron en la película, que para quienes no se hallan enterado no es más que un spin off bien logrado de la historia original. Cosa que me dió la libertad de imaginarme a Diego y cada uno de los personajes a mi acomodo y no, amoldado al guapísimo Antonio Banderas. De la misma forma, amé el ritmo de la lectura, tan cómodo. He de decir que es de los libros con los que me he sentido más cómodo.

Lo recomiendo para quienes valoran el trasfondo de los héroes, antihéroes y protagonistas. Es una lectura suave, dinámica con los giros argumentales en su punto. Tal vez, el comienzo un poco lento, pero vale totalmente la pena todo el recorrido. Se siente uno al final, agradecido por haberle dado un sentido y una humanidad al enmascarado.


miércoles, 1 de noviembre de 2017

El Señor Ospitia


Cuando era pequeño vivía en la casa de mi tia. Viviamos los tres: Mis papás y yo en el tercer piso, en donde muchas aventuras viví con mi iamginación y la terraza desierta. Allí me asomaba por los barrotes y veía la calle. Siempre fui muy sociable, así que no era sino asomarme y la jornada de saludos comenzaba. No logro comprender en qué momento dejé perder esa habilidad tan bonita, seguramente se deba a la primera mudanza, mi hermana, y tantas otras posibles cosas...

En los días soleados, el señor Ospitia (Como creí que se llamaba, nunca esperé que fuera su apellido) tomaba el sol en el antejardín. El antejardín estaba compuesto por un bordillo donde se hallaban unas plantas moribundas, que a mí se me antojaba imaginar como un lago apestoso. El señor, que no era tan viejo en verdad me saludaba muy amablemente, y no vamos a decirnos mentiras, un saludo afable siempre es muy bien recibido.

El señor, tenía su tienda en el garaje de su casa justo en frente de la de mi tía, y como es de esperarse de cualquier tendero, sus relaciones con el barrio son fuertes. Así, pues dada la facilidad mi mamá compraba las cosas allí y yo la acompañaba generalmente con mis overoles y pantalones de tiranes (¡Qué bellas épocas!). El señor me alzaba desde que tengo memoria y me ponía sobre el mostrador y me regalaba un dulce, incluso los domingos me daba liberales, que también me enviaba cuando no iba. Sin duda dulce. Pero no era algo tan trivial como comprar al cliente, invertir en él. Años después le pregunté si así era con todos los niños, y resulta que no.

Aquel hombre, tenía una vida normal, hijos, esposa... Sin embargo, su hija, Diana había perdido un bebé en el mismo tiempo en que mi mamá estaba embarazada de mí. De algun modo, su afecto paternal de abuelo no murió sino que se distribuyó hacía mí. Cosa que le era correspondida, porque a mí me encantaba saludar aún si no habia recompensa, me gusta pensar que havía un afecto cuando le pedía que me alzaba sobre el mostrador y yo le preguntaba si ya había almorzado.

A los cinco años tuvimos que irnos de la casa de mi tía a la casa propia por fin (Año terrible por cierto). Años después, al menos unos dos, el señor tuvo que cerrar la tienda, pero hacía el esfuerzo de saludarme cuando mi tía le informaba que allí estaríamos mi mamá y yo de visita. Tristemente, con el tiempo la cercanía se volvió lejania y me terminé enterando que el señor falleció debido a un cáncer sorpesivo y agresivo. Todavía tengo el sin sabor de haberle dicho que lo apreciaba.

Día 1 - Dejavú

Ha pasado ya, lo sé es una repetición fatal. ¿Qué es lo que debo hacer? ¿seguir firme hasta el final? Y yo sin querer proceder Me...