En una de las salidas de domingo con papá, Carlitos y él fueron al parque más allá de la carretera, donde pocas veces iban por que era un lugar remoto y lejano. Carlito miraba en el camino las casas de estilo londinense que iban a lado y lado de la calle, y de vez en cuando apresuraba un poco el paso para ver las vitrinas, que estaban llenas de cosas coloridas, artísticas, en madera y otras manufacturas decorativas que son más lujos que otra cosa. Carlitos amaba la madera y esta salida le resultaba tan enriquecedora como el mismo no tenía idea.
En medio de los laberintos de las calles, llegaron por fin a un parque pequeño que tenia un árbol en todo el centro. El árbol era sumamente grande, anormalmente enorme para hallarse en medio de la ciudad, y sin embargo, allí estaba, desapercibido pero bien acogido por las casas al rededor del parque. Era como un rey entre los pequeños arboles de flores y Eucaliptos que había a su alrededor. Su madera era muy rugosa, incluso para un arbol, y su configuración daba para pensar que el árbol tenía ojos, ya que, tenía protuberancias concavas y convexas que convergían en us esquinas y tenían dentro una serie de circulos concentricos. Carlitos de algún modo se sentía atemorizado por el árbol, se sentía observado por tantos círculos en torno al tronco, y que, seguian elevándose conforme se trataba de ver el final del árbol.
Sin embargo, lo que más captó su atención fueron las raices. Éstas, no eran largos brazos decadentes enredados unos osbre otros, sino, obustos brazos que se sumergían en la tierra de pronto, con compromiso ferreo, pero estaban tan juntos y a la vez tan definidos que cualquiera que lo hubiera visto sabría de inmediato que tales raíces no se mezclarían jamás por debajo del suelo. Parecían la pata de un elefante. El papá de carlitos notó el interés del niño, y entonces repuso mientras se sentaban en una de las bancas de concreto: ¿Quieres oir la historia del Elefante de Madera? - Carlitos, motivado por la fantasía asintió callado para que la historia diera comienzo tan pronto como se pudiera. Don Carlos se aclaró la garganta y comenzó: "Había una vez..."
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jueves, 9 de noviembre de 2017
sábado, 30 de septiembre de 2017
Carlitos y el caracol
Un día la tata llevó a Carlitos al parque. Todos los días después de la siesta de la tarde, la Tata sacaba a carlitos con su gran sombrilla, su chal y su loncherita de animales. A Carlitos le gustaban mucho los animales, siempre que podía veía los documentales aun sin entender algo, solo para ver al leopardo correr, a las aves volar y al tiburon acelerar como un torpedo. Carlitos se tapaba los ojos cuando el león atrapaba a la cebra o cuando el cocodrilo aparecía, no quería tener pesadillas y por eso se ocultaba detrás de la tata en la cocina cuando eso pasaba. "¡Cómo serás de bobito, mijito!" le decía la tata mientras le servía un poco de lo que preparaba para que Carlitos se olvidara de lo que había visto.
El día era soleado así que anduvieron juntos debajo de la sombrilla, Carlitos estaba mirando a su alrededor para ver si había mas niños para jugar. De pronto, la tata, se detuvo e hizo detener su marcha a Carlitos
- Por qué nos detenemos Tata? - Preguntó Carlitos impaciente
- Mira tus pies mijito. Casi pisas al señor Caracol. - Repuso la Tata pausadamente, mientras su nieto miraba a la babosa con caparazón roto
- ¡Mira Tata! Tiene su casa rompida. - Exclamo con angustia Carlitos pensando que él había sido quien había hecho el daño.
- No te preocupes - Añadió la abuelita de Carlitos adivinando su pensamiento - A los caracoles a veces les pasa eso, pero ellos se curan si no es muy grave y pues mira que no es el caso. En un tiempo estará mejor
- Pero acá lo van a pisar otros niños, Tata - Dijo suplicante Carlitos - ¿Podemos llevarlo a otro lugar?
- No podemos - Dijo la abuelita con paciencia - Algunos caracoles son venenosos, tenemos que dejarlo ahí. La madre naturaleza es muy sabia, si ella quiere que el caracol se salve ya lo veremos.
Durante toda la semana Carlitos monitoreo el avance del caracol cada una de las tardes después de la siesta. Se sentía como uno de esos exploradores de la televisión. Incluso, llevaba un cuadernillo de notas hechas garabato para registrar todo lo que veía del caracol. Para su paz, el caracol alcanzó a a atravesar el parque al cabo de semana y media y para cuando llegó a la hiedra que escalaba el muro cerca de los columpios. En esos momentos su caparazón ya estaba en perfectas condiciones. Carlitos decidió entonces ser un "investigador de los animales" y saber tanto como sabía la Tata.
El día era soleado así que anduvieron juntos debajo de la sombrilla, Carlitos estaba mirando a su alrededor para ver si había mas niños para jugar. De pronto, la tata, se detuvo e hizo detener su marcha a Carlitos
- Por qué nos detenemos Tata? - Preguntó Carlitos impaciente
- Mira tus pies mijito. Casi pisas al señor Caracol. - Repuso la Tata pausadamente, mientras su nieto miraba a la babosa con caparazón roto
- ¡Mira Tata! Tiene su casa rompida. - Exclamo con angustia Carlitos pensando que él había sido quien había hecho el daño.
- No te preocupes - Añadió la abuelita de Carlitos adivinando su pensamiento - A los caracoles a veces les pasa eso, pero ellos se curan si no es muy grave y pues mira que no es el caso. En un tiempo estará mejor
- Pero acá lo van a pisar otros niños, Tata - Dijo suplicante Carlitos - ¿Podemos llevarlo a otro lugar?
- No podemos - Dijo la abuelita con paciencia - Algunos caracoles son venenosos, tenemos que dejarlo ahí. La madre naturaleza es muy sabia, si ella quiere que el caracol se salve ya lo veremos.
Durante toda la semana Carlitos monitoreo el avance del caracol cada una de las tardes después de la siesta. Se sentía como uno de esos exploradores de la televisión. Incluso, llevaba un cuadernillo de notas hechas garabato para registrar todo lo que veía del caracol. Para su paz, el caracol alcanzó a a atravesar el parque al cabo de semana y media y para cuando llegó a la hiedra que escalaba el muro cerca de los columpios. En esos momentos su caparazón ya estaba en perfectas condiciones. Carlitos decidió entonces ser un "investigador de los animales" y saber tanto como sabía la Tata.
viernes, 15 de septiembre de 2017
Carlitos vs El mundo - 1. Carlitos y sus moquitos
Había una vez un niño, un niño cualquiera, un niño como tú, un niño como yo, un niño como lo fue papá.
El niño se llamaba Carlitos y a veces se le salían los moquitos. Cuando estornudaba Carlitos se estremecía y un estruendoso "Achis!" sacaba todos sus moquitos. Él no se explicaba por qué todos se espataban cuando le colgaban sus moquitos y rápido traían el papel higienico para limpiarlo.¡Dios mio! - Gritaba mamá Claudia cuando sucedía el estornudo terrible. - ¡Mira como te volviste Carlitos!. Eso, sin mencionar la cara de asco de la Tata María, que cogía el reverso de la camiseta de Carlitos y hasta que el niño no estuviera limpio no dejaba las muecas.
Un día Carlitos decidió espiar a la Tata a ver si ella no tenía moquitos y se hizo detrás de su mecedora; acurrucadito y tapándose la boca para no hacer ruido. Esperó y esperó hasta que pasó, la Tata estornudó. Pero no hubo moquitos, la Tata se tapo la nariz la boca con las manos. Así que Carlitos decidió que así haría la próxima vez.
Al otro día en el Jardín, Carlitos supo que habia llegado su gran momento y estornudo en sus manitas, pero las sintió pegajosas y acabó por enseñárselas a la profe Natalia que sorprendida lo felicitó: Muy bien Carlitos, fue un buen intento. Ven vamos a limpiarte.
El pequeño Carlitos se sintió feliz con su triunfo, sentía que estaba cerca de saber como solucionar su problema con los moquitos. Asi que decidió espiar a su hermano mayor Julian a ver cómo estornudaba él. Julian tenía 10 años que eran como muchos muchos para Carlitos que solo sabía contar hasta tres. Y se hizió Carlitos en el comedor donde Julian hacia tareas a dibujar esperando cuando su hermano estornudara. Y lo hizo. Lo hizo muy duro, y no se tapó la cara. Pero ningún moquito salió. Carlitos estaba sorprendido.
Pensó y pensó, y pensó de nuevo por si las mocas, pero no entendía como las personas podian estornudar de tantas formas, quizá habían ocho formas de estornudar quizá fuera más, muchás más, hasta diez!Entonces decidió que lo mejor era no respirar cuando viniera el estornudo, ya no quería más moquitos, siempre los grandes le lastimaban su nariz para dejarsela limpia y a él no le gustaba, y así lo hizo.
¡Santo Remedio! Pensó Carlitos cuando estornudo y no salieron sus mocos de la nariz al estornudar. Eso sí, evito hacer tanto ruido como su hermano o taparse mucho como la Tata.
El niño se llamaba Carlitos y a veces se le salían los moquitos. Cuando estornudaba Carlitos se estremecía y un estruendoso "Achis!" sacaba todos sus moquitos. Él no se explicaba por qué todos se espataban cuando le colgaban sus moquitos y rápido traían el papel higienico para limpiarlo.¡Dios mio! - Gritaba mamá Claudia cuando sucedía el estornudo terrible. - ¡Mira como te volviste Carlitos!. Eso, sin mencionar la cara de asco de la Tata María, que cogía el reverso de la camiseta de Carlitos y hasta que el niño no estuviera limpio no dejaba las muecas.
Un día Carlitos decidió espiar a la Tata a ver si ella no tenía moquitos y se hizo detrás de su mecedora; acurrucadito y tapándose la boca para no hacer ruido. Esperó y esperó hasta que pasó, la Tata estornudó. Pero no hubo moquitos, la Tata se tapo la nariz la boca con las manos. Así que Carlitos decidió que así haría la próxima vez.
Al otro día en el Jardín, Carlitos supo que habia llegado su gran momento y estornudo en sus manitas, pero las sintió pegajosas y acabó por enseñárselas a la profe Natalia que sorprendida lo felicitó: Muy bien Carlitos, fue un buen intento. Ven vamos a limpiarte.
El pequeño Carlitos se sintió feliz con su triunfo, sentía que estaba cerca de saber como solucionar su problema con los moquitos. Asi que decidió espiar a su hermano mayor Julian a ver cómo estornudaba él. Julian tenía 10 años que eran como muchos muchos para Carlitos que solo sabía contar hasta tres. Y se hizió Carlitos en el comedor donde Julian hacia tareas a dibujar esperando cuando su hermano estornudara. Y lo hizo. Lo hizo muy duro, y no se tapó la cara. Pero ningún moquito salió. Carlitos estaba sorprendido.
Pensó y pensó, y pensó de nuevo por si las mocas, pero no entendía como las personas podian estornudar de tantas formas, quizá habían ocho formas de estornudar quizá fuera más, muchás más, hasta diez!Entonces decidió que lo mejor era no respirar cuando viniera el estornudo, ya no quería más moquitos, siempre los grandes le lastimaban su nariz para dejarsela limpia y a él no le gustaba, y así lo hizo.
¡Santo Remedio! Pensó Carlitos cuando estornudo y no salieron sus mocos de la nariz al estornudar. Eso sí, evito hacer tanto ruido como su hermano o taparse mucho como la Tata.
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