Había una vez un niño, un niño cualquiera, un niño como tú, un niño como yo, un niño como lo fue papá.
El niño se llamaba Carlitos y a veces se le salían los moquitos. Cuando estornudaba Carlitos se estremecía y un estruendoso "Achis!" sacaba todos sus moquitos. Él no se explicaba por qué todos se espataban cuando le colgaban sus moquitos y rápido traían el papel higienico para limpiarlo.¡Dios mio! - Gritaba mamá Claudia cuando sucedía el estornudo terrible. - ¡Mira como te volviste Carlitos!. Eso, sin mencionar la cara de asco de la Tata María, que cogía el reverso de la camiseta de Carlitos y hasta que el niño no estuviera limpio no dejaba las muecas.
Un día Carlitos decidió espiar a la Tata a ver si ella no tenía moquitos y se hizo detrás de su mecedora; acurrucadito y tapándose la boca para no hacer ruido. Esperó y esperó hasta que pasó, la Tata estornudó. Pero no hubo moquitos, la Tata se tapo la nariz la boca con las manos. Así que Carlitos decidió que así haría la próxima vez.
Al otro día en el Jardín, Carlitos supo que habia llegado su gran momento y estornudo en sus manitas, pero las sintió pegajosas y acabó por enseñárselas a la profe Natalia que sorprendida lo felicitó: Muy bien Carlitos, fue un buen intento. Ven vamos a limpiarte.
El pequeño Carlitos se sintió feliz con su triunfo, sentía que estaba cerca de saber como solucionar su problema con los moquitos. Asi que decidió espiar a su hermano mayor Julian a ver cómo estornudaba él. Julian tenía 10 años que eran como muchos muchos para Carlitos que solo sabía contar hasta tres. Y se hizió Carlitos en el comedor donde Julian hacia tareas a dibujar esperando cuando su hermano estornudara. Y lo hizo. Lo hizo muy duro, y no se tapó la cara. Pero ningún moquito salió. Carlitos estaba sorprendido.
Pensó y pensó, y pensó de nuevo por si las mocas, pero no entendía como las personas podian estornudar de tantas formas, quizá habían ocho formas de estornudar quizá fuera más, muchás más, hasta diez!Entonces decidió que lo mejor era no respirar cuando viniera el estornudo, ya no quería más moquitos, siempre los grandes le lastimaban su nariz para dejarsela limpia y a él no le gustaba, y así lo hizo.
¡Santo Remedio! Pensó Carlitos cuando estornudo y no salieron sus mocos de la nariz al estornudar. Eso sí, evito hacer tanto ruido como su hermano o taparse mucho como la Tata.
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