Por: Daniel Rincón Barrera
Es entonces cuando los países
entran a ser parte un certamen de competitividad que en aras de mejorar las
condiciones y capacidades de cada nación también lo somete a una condición de
estrés en busca de esa mejora, para no quedarse al final de la lista de países
y así pueda seguir haciendo parte de las dinámicas de carácter global. Por
tanto, una de las características que más relevancia tiene en la competitividad
entre países es la capacidad económica y el músculo comercial que puede lograr
un país.
Dicha capacidad económica y comercial involucra
aspectos internos de la nación, como la capacidad productiva, la solidez en la
economía, la gestión gubernamental, etc. Aspectos que se hacen visibles al
mundo por medio de la cantidad de exportaciones e importaciones que realiza;
que no es más que la manera en la que un país hace intercambio de bienes y
servicios con sus iguales. No obstante, la sensibilidad que involucra depende
exclusivamente de las políticas internas de la nación y de cómo gestione los
recursos productivos y logísticos para la participación en un mercado de los
productos que puede ofrecer para un intercambio sólido.
Colombia en particular no destaca como un país con gran
capacidad comercial a nivel internacional pese al gran potencial en muchos
campos como es bien sabido gracias a la riqueza que posee. Esto obedece a
múltiples razones que no tiene pertenencia entrar a nombrar en detalle. No
obstante, dentro del nuevo marco para la paz, el tema del sector rural entra a
desempeñar un papel importante que es desaprovechado dado que la pobreza en la visión por parte del
gobierno hacia la potencialidad que ofrece el sector rural es insuficiente para
superar los rezagos en materia de competitividad comercial dentro del mercado
global.
Para entender mejor la manera en que los procesos de globalización se relacionan con el sector rural a través de la logística es importante entender el estado actual del mercado en el cual participa Colombia: Colombia es un país donde sus exportaciones así como la de muchos países en vías de desarrollo corresponden a materias primas y las importaciones a productos procesados a partir de las mismas materias primas. No obstante, si bien no hay un desbalance muy marcado entre una actividad y otra, si llama la atención que las exportaciones sigan siendo menores a las importaciones pese a que en Colombia la capacidad de producción de materias primas es considerable. Según una publicación virtual del Instituto Nacional de Contadores Públicos, durante el primer trimestre del presente año las exportaciones ya van por los US $8.611,09 millones mientras las importaciones están evaluadas en US$11.351 millones. Lo realmente preocupante de esto es la tendencia que se menciona en la misma publicación, donde el crecimiento para las exportaciones se estima en poco más del 7% mientras que para las importaciones es del 16,2%, que leyendo entre líneas puede entenderse como que Colombia comienza a cansarse del ritmo de crecimiento y su sector productivo lo está sintiendo. Resulta inquietante que conforme pase el tiempo la brecha tienda a seguir creciendo pese a los intereses políticos por hacer de Colombia más abierta al mercado mundial.
Pero en sí cuál es la situación
de Colombia con respecto al mundo en cuanto a comercialización; la tabla 1 muestra
claramente cómo ha sido su paso desde el 2015 hasta el 2017 en aspectos como el
comercio internacional ascendiendo lentamente desde el puesto 60 hasta el
puesto 55 dentro de 63 países evaluados. Esta mejora se entiende si se tienen
en cuenta los tratados de libre comercio que han venido gestándose desde
tiempos más recientes como el gestado desde MERCOSUR para comercializar con
Argentina. Pese a ello, la inversión internacional no se ha visto totalmente
beneficiada como se muestra en el descenso del 14.8% entre los años 2015 y 2016. Se espera que tras la firma de los
acuerdos de paz se mejore este aspecto como se evidencia en la recuperación
para el año 2017, que deja ver que Colombia puede recuperarse agresivamente de
estos descensos; aunque también podría dar para pensar que aún es considerado
un lugar prematuro para inversiones serias, por lo que podría seguir variando en
subidas y bajadas en el escalafón de países en los cuales se pueda invertir.
Como se mencionó antes, Colombia
está abriéndose paso al mercado mundial por medio de tratados de libre
comercio, algunos de los más mencionados para citar algún ejemplo con el de
Estados Unidos y China, potencias mundiales que facilitan intercambios
económicos pero que a Colombia podrían traerle dolores de cabeza. Actualmente,
tras la llegada de Trump al poder, las tensiones que ello implica no se han
hecho esperar, la renegociación que se está llevando a cabo por iniciativa
estadounidense con sus asociados comerciales en busca de sanear el déficit
comercial con cada uno de ellos y la tentativa del mismo presidente de los
Estados Unidos por proteger al campesino estadounidense ponen en discusión una
próxima discusión sobre el TLC con Colombia, sin embargo, tomando del artículo
“La desbalanceada posición de Colombia para renegociar un TLC con EE. UU.” (El
Tiempo, Agosto 27 de 2017) dice: “Actualmente
Colombia representa apenas el 0,8 % del comercio de Estados Unidos, con una
balanza comercial ligeramente negativa”, eso sin mencionar que los impactos ya
se sienten en mercados como el Arroz, donde la intrusión del mercado Anglo ya
alertó al país sobre las inequidades entre los mercados, en declaraciones a El
Tiempo en el artículo “Llega a
Colombia arroz en cáscara de Estados Unidos” (El Tiempo, Agosto 24 de 2017) El
gerente de Fedearroz mencionó: “No hay un mayor cupo”. Esto en medio de una
crisis en el sector arrocero, donde el gobierno ha incumplido con los pagos
prometidos (60 millones de pesos) para los arroceros que han sembrado luego del
24 de Agosto del año en curso.
Tales situaciones dejan al
descubierto el estado de abandono que se tiene en el sector rural, que lejos de
ser una máquina productora de materias primas es una superviviente del olvido
del Estado. Pero bien no podría pensarse en eso como olvido sino como una
deficiente aspiración para lo rural. En el Plan de Desarrollo 2014 – 2018 se
establecen los lineamientos para el campo, destacando a grandes rasgos el
intento por emerger este sector de la pobreza impulsando la competitividad
mediante provisión de bienes y servicios que permitan hacer actividades
agropecuarias, así como la mejora en las condiciones de vida, mejorando la
vivienda, el saneamiento, etc. Todo esto con el fin de cerrar las brechas
urbano-rurales.
Resulta irónico que por una parte
exista un interés por abrirse campo en un mercado para el cual el país no está
preparado porque su sector rural está en un estado de abandono, pero que por el
otro lado apenas se pretenda cerrar la brecha entre lo urbano y lo rural, como
si solo bastara eso para ser competitivos.
Cabe mencionar que éste Plan de
Desarrollo no contemplaba un escenario de paz, por lo que las condiciones
nacionales ahora son diferentes, con un territorio más unificado, con menor
incidencia del conflicto en la calidad de vida del campesino y con otras
oportunidades de mercado más allá del narcotráfico propio de algunas regiones
como único método de subsistencia. Aun así, si se hace un diagnóstico rápido de
las falencias y carencias en cuanto a producción rural se refiere.
El documento hace hincapié en algunas
oportunidades en el problema logístico que supone el transporte de carga desde
la finca productora hasta el puerto “Los insumos pueden llegar a representar en
promedio el 30 % de los costos totales (CRECE, 2014) y el costo logístico para
transportar de la finca al puerto o al aeropuerto es más alta en Colombia que
en el resto de Latinoamérica y el Caribe. Un kilómetro recorrido en Colombia
cuesta USD$ 4,79, casi el doble de lo que cuesta en estos países USD$ 2,61
(Banco Mundial, 2014). “Plan Nacional de Desarrollo 2014 – 2018” (Departamento
Nacional de Planeación, 2013). Así mismo hace notar que los costos en los
sistemas productivos poseen estructuras de costos rígidas y que sigue habiendo
dependencia de insumos extranjeros.
Una de las alternativas que no es
está teniendo en cuenta es el fortalecimiento institucional del campo desde
instancias estatales y desde instancias locales. Como se mencionó antes, la
falta de ambición por parte del Estado, al no contemplar el campo como todo un
ente o toda una institución productiva poderosa y no como un ente merecedor de
limosnas a fin de quedar a la par con la región urbana.
Una de las estrategias con mayor
relevancia dentro de esto, es lo contemplado en el CONPES 3547 y el CONPES
3568. En el primero se establecen los intereses del país por mejorar en
logística “La evolución de la logística está marcada por la necesidad de
disponer de plataformas de distribución con el fin de estructurar de forma
racional y óptima la cadena de abastecimiento de las empresas” “CONPES 3547, (Consejo
Nacional de Política Económica y social, 2008). Desde luego entendiendo que la
finca del campesino, o del mediano productor también constituye una empresa de
algún modo, se está en deuda con el mejoramiento de las condiciones para la
comercialización de sus productos y la llegada de insumos; de manera oportuna
el CONPES 3568 ha establecido la creación de parques y centros logísticos
nuevos dentro del país como lo es el Parque Logístico Industrial del Tolima con
el propósito de favorecer los procesos agroindustriales de la región,
resultando dentro de los más beneficiados la ciudad de Ibagué. Además que
consolida el transporte intermodal de carga dango gran vía para que muchas
otras comunidades se vean beneficiadas en un área de influencia.
Así mismo, la desocupación del
territorio por parte del conflicto permitiría fortalecer zonas que actualmente
no cuentan con corredores logísticos, para completar la unificación del país y
la administración de recursos que para bien o para mal estuvieron protegidos de
la explotación por causa del conflicto armado. Como se puede ver en la Figura
1. Corredores Logísticos “CONPES 3547”, (Consejo Nacional de Política Económica
y social, 2008), Como es de esperarse los lugares con abandono logístico son
los territorios más afectados por el conflicto armado como se contrasta con la
figura 2 “Intensidad del conflicto no baja” (Alfredo Molano Jimeno, El
Espectador, Marzo 7 de 2017). Es más que notable que la misma tendencia se
evidencia en la ocupación de las Bacrim, dejando en pie la idea de que los
espacios logísticos no solo generan un espacio de intercambio de bienes y
servicios sino que también generan efectos indirectos en la seguridad del
territorio que se ocupa, por lo que fomentar estos espacios no solo traería
beneficios económicos al país y al sector rural en particular, es una puesta en
marcha para la recuperación digna y pacífica del territorio nacional y
cambiarle el panorama social. Después de todo los corredores y centros
logísticos son generadores de empleo y éste fenómeno a su vez es generador de
consecuencias indirectas como la mejora en las condiciones de vida y la
dignificación del individuo, pues no solo se generan empleos alrededor de la
actividad agropecuaria sino que se fortalece la red social alrededor de estas
actividades fomentando el fortalecimiento de municipios y descentralizando un
poco las ciudades regulando un poco la balanza de la migración hacia lo urbano.
Finalmente no está de más
considerar como una solución viable en apoyo a lo anteriormente mencionado la
colaboración parte del sector rural mismo, generando una sinergia entre los
mismos actores del sector. Dentro de las tendencias de crecimiento en mundo
logístico mencionadas por un documento de la CEPAL se tiene lo siguiente: “ Una
alternativa es la cooperación vertical entre suministradores, productores,
distribuidores, consumidores y proveedores de servicios logísticos; otra es la
horizontal, que se produce entre empresas que están al mismo nivel dentro de la
cadena de suministro” “Aspectos metodológicos en el vínculo entre recursos naturales
y logística regional, (Lorena García Alonso, CEPAL, 2017, pg. 40-41). Donde,
volviendo a la idea de tener a la finca del pequeño y mediano productor como
una empresa constituida se puedan fomentar alianzas entre sí mismos para el
fortalecimiento del sector, e incluso, engendrando cadenas productivas entre
diferentes entes que den más y mayores herramientas para la competitividad aun
sin intervención propia del Estado, o incluso pensando en el Estado como
promotor de dichas alianzas que de paso favorecen el tejido social y permean un
poco las diferencias entre competidores y los enfocan en ser aliados en la
competición nacional por abrirse paso entre el mercado global.
Dentro de las futuras políticas de desarrollo para el
país, teniendo en cuenta que Colombia está a puertas de un proceso electoral de
presidencia, se debe prestar mucha atención al tema del campo y su conformación
desde un escenario competitivo para el desarrollo del comercio desde una
perspectiva internacional, permitiéndole al campesino o productor rural
competir en condiciones al menos cercanas a las de los estándares
internacionales, no solo proporcionándole los insumos para que su trabajo sea
el adecuado, sino favoreciendo el intercambio interno y su fortalecimiento por
medio de centros logísticos que hagan un acompañamiento a estas actividades.
Dentro de este acompañamiento la
labor de la logística debe estar muy bien planeada en consideración a las
condiciones precarias a las que están sometidas las regiones rurales, por lo
que la idea de generar nuevos puntos logísticos como los parques contemplados
en el CONPES es una buena estrategia para dar un primer impulso al
fortalecimiento del agro. Desde luego, aprovechando el marco para la paz y la
reconciliación; el campesino y en general el sector rural debe ser el mayor
favorecido, por lo que debería aspirarse y esperar un crecimiento potencial de
éste sector tanto a nivel internacional como a nivel intra nacional. Cabe
mencionar de nuevo que la apertura del territorio no solo traerá consigo nuevas
posibilidades de comercialización a nivel interno y nuevas oportunidades de
empleo, sino también responsabilidades estatales en pro de aumentar la
cobertura de infraestructura que en coordinación con procesos logísticos ofrezca
una mejor comunicación para el desplazamiento de productos a través del
territorio.
Por el momento, las prioridades
son el cierre de brechas, por una parte entre lo urbano y lo rural y por otro,
entre las exportaciones y las importaciones. Así como el fortalecimiento de los
procesos productivos para hacer más diversa la oferta de productos dejando todo
el peso de las exportaciones a las materias primas.
Anexos

Tabla 1.Posición de
Colombia - “Anuario mundial de competitividad” (2017)

Figura 1. Corredores
Logísticos “CONPES 3547” - (Consejo Nacional de Política Económica y social,
2008)

Figura 2. Mapa de
presencia de las Farc y las Bacrim – “
Intensidad del
conflicto no baja” (El Espectador, 2013)
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