jueves, 14 de septiembre de 2017

Repercusiones de la pobreza en la Visión del Estado hacia la ruralidad



Por: Daniel Rincón Barrera


El mundo desde la aparición de nuevas tecnologías como la internet ha pretendido facilitar la interconexión entre naciones dentro de lo que se conoce como el proceso de globalización. Dicho proceso recoge las políticas, tecnologías y comercios, y los pone a disposición  de los distintos países de tal manera que la interrelación entre los mismos a través de tratados, cumbres y demás medios de participación fortalecen las falencias que cada país posee y en el proceso generan ganancias para los países asociados entre sí, teóricamente hablando.

Es entonces cuando los países entran a ser parte un certamen de competitividad que en aras de mejorar las condiciones y capacidades de cada nación también lo somete a una condición de estrés en busca de esa mejora, para no quedarse al final de la lista de países y así pueda seguir haciendo parte de las dinámicas de carácter global. Por tanto, una de las características que más relevancia tiene en la competitividad entre países es la capacidad económica y el músculo comercial que puede lograr un país.

Dicha  capacidad económica y comercial involucra aspectos internos de la nación, como la capacidad productiva, la solidez en la economía, la gestión gubernamental, etc. Aspectos que se hacen visibles al mundo por medio de la cantidad de exportaciones e importaciones que realiza; que no es más que la manera en la que un país hace intercambio de bienes y servicios con sus iguales. No obstante, la sensibilidad que involucra depende exclusivamente de las políticas internas de la nación y de cómo gestione los recursos productivos y logísticos para la participación en un mercado de los productos que puede ofrecer para un intercambio sólido.

Colombia en particular no destaca como un país con gran capacidad comercial a nivel internacional pese al gran potencial en muchos campos como es bien sabido gracias a la riqueza que posee. Esto obedece a múltiples razones que no tiene pertenencia entrar a nombrar en detalle. No obstante, dentro del nuevo marco para la paz, el tema del sector rural entra a desempeñar un papel importante que es desaprovechado dado que la pobreza en la visión por parte del gobierno hacia la potencialidad que ofrece el sector rural es insuficiente para superar los rezagos en materia de competitividad comercial dentro del mercado global.

Para entender mejor la manera en que los procesos de globalización se relacionan con el sector rural a través de la logística es importante entender el estado actual del mercado en el cual participa Colombia: Colombia es un país donde sus exportaciones así como la de muchos países en vías de desarrollo corresponden a materias primas y las importaciones a productos procesados a partir de las mismas materias primas. No obstante, si bien no hay un desbalance muy marcado entre una actividad y otra, si llama la atención que las exportaciones sigan siendo menores a las importaciones pese a que en Colombia la capacidad de producción de materias primas es considerable. Según una publicación virtual del Instituto Nacional de Contadores Públicos, durante el primer trimestre del presente año las exportaciones ya van por los US $8.611,09 millones mientras las importaciones están evaluadas en US$11.351 millones. Lo realmente preocupante de esto es la tendencia que se menciona en la misma publicación, donde el crecimiento para las exportaciones se  estima en poco más del 7%  mientras que para las importaciones es del 16,2%, que leyendo entre líneas puede entenderse como que Colombia comienza a cansarse del ritmo de crecimiento y su sector productivo lo está sintiendo. Resulta inquietante que conforme pase el tiempo la brecha tienda a seguir creciendo pese a los intereses políticos por hacer de Colombia más abierta al mercado mundial.

Pero en sí cuál es la situación de Colombia con respecto al mundo en cuanto a comercialización; la tabla 1 muestra claramente cómo ha sido su paso desde el 2015 hasta el 2017 en aspectos como el comercio internacional ascendiendo lentamente desde el puesto 60 hasta el puesto 55 dentro de 63 países evaluados. Esta mejora se entiende si se tienen en cuenta los tratados de libre comercio que han venido gestándose desde tiempos más recientes como el gestado desde MERCOSUR para comercializar con Argentina. Pese a ello, la inversión internacional no se ha visto totalmente beneficiada como se muestra en el descenso del 14.8% entre los años 2015  y 2016. Se espera que tras la firma de los acuerdos de paz se mejore este aspecto como se evidencia en la recuperación para el año 2017, que deja ver que Colombia puede recuperarse agresivamente de estos descensos; aunque también podría dar para pensar que aún es considerado un lugar prematuro para inversiones serias, por lo que podría seguir variando en subidas y bajadas en el escalafón de países en los cuales se pueda invertir.

Como se mencionó antes, Colombia está abriéndose paso al mercado mundial por medio de tratados de libre comercio, algunos de los más mencionados para citar algún ejemplo con el de Estados Unidos y China, potencias mundiales que facilitan intercambios económicos pero que a Colombia podrían traerle dolores de cabeza. Actualmente, tras la llegada de Trump al poder, las tensiones que ello implica no se han hecho esperar, la renegociación que se está llevando a cabo por iniciativa estadounidense con sus asociados comerciales en busca de sanear el déficit comercial con cada uno de ellos y la tentativa del mismo presidente de los Estados Unidos por proteger al campesino estadounidense ponen en discusión una próxima discusión sobre el TLC con Colombia, sin embargo, tomando del artículo “La desbalanceada posición de Colombia para renegociar un TLC con EE. UU.” (El Tiempo, Agosto 27 de 2017) dice:    “Actualmente Colombia representa apenas el 0,8 % del comercio de Estados Unidos, con una balanza comercial ligeramente negativa”, eso sin mencionar que los impactos ya se sienten en mercados como el Arroz, donde la intrusión del mercado Anglo ya alertó al país sobre las inequidades entre los mercados, en declaraciones a El Tiempo en el artículo      “Llega a Colombia arroz en cáscara de Estados Unidos” (El Tiempo, Agosto 24 de 2017) El gerente de Fedearroz mencionó: “No hay un mayor cupo”. Esto en medio de una crisis en el sector arrocero, donde el gobierno ha incumplido con los pagos prometidos (60 millones de pesos) para los arroceros que han sembrado luego del 24 de Agosto del año en curso.

Tales situaciones dejan al descubierto el estado de abandono que se tiene en el sector rural, que lejos de ser una máquina productora de materias primas es una superviviente del olvido del Estado. Pero bien no podría pensarse en eso como olvido sino como una deficiente aspiración para lo rural. En el Plan de Desarrollo 2014 – 2018 se establecen los lineamientos para el campo, destacando a grandes rasgos el intento por emerger este sector de la pobreza impulsando la competitividad mediante provisión de bienes y servicios que permitan hacer actividades agropecuarias, así como la mejora en las condiciones de vida, mejorando la vivienda, el saneamiento, etc. Todo esto con el fin de cerrar las brechas urbano-rurales.

Resulta irónico que por una parte exista un interés por abrirse campo en un mercado para el cual el país no está preparado porque su sector rural está en un estado de abandono, pero que por el otro lado apenas se pretenda cerrar la brecha entre lo urbano y lo rural, como si solo bastara eso para ser competitivos.

Cabe mencionar que éste Plan de Desarrollo no contemplaba un escenario de paz, por lo que las condiciones nacionales ahora son diferentes, con un territorio más unificado, con menor incidencia del conflicto en la calidad de vida del campesino y con otras oportunidades de mercado más allá del narcotráfico propio de algunas regiones como único método de subsistencia. Aun así, si se hace un diagnóstico rápido de las falencias y carencias en cuanto a producción rural se refiere.

El  documento hace hincapié en algunas oportunidades en el problema logístico que supone el transporte de carga desde la finca productora hasta el puerto “Los insumos pueden llegar a representar en promedio el 30 % de los costos totales (CRECE, 2014) y el costo logístico para transportar de la finca al puerto o al aeropuerto es más alta en Colombia que en el resto de Latinoamérica y el Caribe. Un kilómetro recorrido en Colombia cuesta USD$ 4,79, casi el doble de lo que cuesta en estos países USD$ 2,61 (Banco Mundial, 2014). “Plan Nacional de Desarrollo 2014 – 2018” (Departamento Nacional de Planeación, 2013). Así mismo hace notar que los costos en los sistemas productivos poseen estructuras de costos rígidas y que sigue habiendo dependencia de insumos extranjeros.

Una de las alternativas que no es está teniendo en cuenta es el fortalecimiento institucional del campo desde instancias estatales y desde instancias locales. Como se mencionó antes, la falta de ambición por parte del Estado, al no contemplar el campo como todo un ente o toda una institución productiva poderosa y no como un ente merecedor de limosnas a fin de quedar a la par con la región urbana.

Una de las estrategias con mayor relevancia dentro de esto, es lo contemplado en el CONPES 3547 y el CONPES 3568. En el primero se establecen los intereses del país por mejorar en logística “La evolución de la logística está marcada por la necesidad de disponer de plataformas de distribución con el fin de estructurar de forma racional y óptima la cadena de abastecimiento de las empresas” “CONPES 3547, (Consejo Nacional de Política Económica y social, 2008). Desde luego entendiendo que la finca del campesino, o del mediano productor también constituye una empresa de algún modo, se está en deuda con el mejoramiento de las condiciones para la comercialización de sus productos y la llegada de insumos; de manera oportuna el CONPES 3568 ha establecido la creación de parques y centros logísticos nuevos dentro del país como lo es el Parque Logístico Industrial del Tolima con el propósito de favorecer los procesos agroindustriales de la región, resultando dentro de los más beneficiados la ciudad de Ibagué. Además que consolida el transporte intermodal de carga dango gran vía para que muchas otras comunidades se vean beneficiadas en un área de influencia.

Así mismo, la desocupación del territorio por parte del conflicto permitiría fortalecer zonas que actualmente no cuentan con corredores logísticos, para completar la unificación del país y la administración de recursos que para bien o para mal estuvieron protegidos de la explotación por causa del conflicto armado. Como se puede ver en la Figura 1. Corredores Logísticos “CONPES 3547”, (Consejo Nacional de Política Económica y social, 2008), Como es de esperarse los lugares con abandono logístico son los territorios más afectados por el conflicto armado como se contrasta con la figura 2 “Intensidad del conflicto no baja” (Alfredo Molano Jimeno, El Espectador, Marzo 7 de 2017). Es más que notable que la misma tendencia se evidencia en la ocupación de las Bacrim, dejando en pie la idea de que los espacios logísticos no solo generan un espacio de intercambio de bienes y servicios sino que también generan efectos indirectos en la seguridad del territorio que se ocupa, por lo que fomentar estos espacios no solo traería beneficios económicos al país y al sector rural en particular, es una puesta en marcha para la recuperación digna y pacífica del territorio nacional y cambiarle el panorama social. Después de todo los corredores y centros logísticos son generadores de empleo y éste fenómeno a su vez es generador de consecuencias indirectas como la mejora en las condiciones de vida y la dignificación del individuo, pues no solo se generan empleos alrededor de la actividad agropecuaria sino que se fortalece la red social alrededor de estas actividades fomentando el fortalecimiento de municipios y descentralizando un poco las ciudades regulando un poco la balanza de la migración hacia lo urbano.

Finalmente no está de más considerar como una solución viable en apoyo a lo anteriormente mencionado la colaboración parte del sector rural mismo, generando una sinergia entre los mismos actores del sector. Dentro de las tendencias de crecimiento en mundo logístico mencionadas por un documento de la CEPAL se tiene lo siguiente: “ Una alternativa es la cooperación vertical entre suministradores, productores, distribuidores, consumidores y proveedores de servicios logísticos; otra es la horizontal, que se produce entre empresas que están al mismo nivel dentro de la cadena de suministro” “Aspectos metodológicos en el vínculo entre recursos naturales y logística regional, (Lorena García Alonso, CEPAL, 2017, pg. 40-41). Donde, volviendo a la idea de tener a la finca del pequeño y mediano productor como una empresa constituida se puedan fomentar alianzas entre sí mismos para el fortalecimiento del sector, e incluso, engendrando cadenas productivas entre diferentes entes que den más y mayores herramientas para la competitividad aun sin intervención propia del Estado, o incluso pensando en el Estado como promotor de dichas alianzas que de paso favorecen el tejido social y permean un poco las diferencias entre competidores y los enfocan en ser aliados en la competición nacional por abrirse paso entre el mercado global.

Dentro de las futuras políticas de desarrollo para el país, teniendo en cuenta que Colombia está a puertas de un proceso electoral de presidencia, se debe prestar mucha atención al tema del campo y su conformación desde un escenario competitivo para el desarrollo del comercio desde una perspectiva internacional, permitiéndole al campesino o productor rural competir en condiciones al menos cercanas a las de los estándares internacionales, no solo proporcionándole los insumos para que su trabajo sea el adecuado, sino favoreciendo el intercambio interno y su fortalecimiento por medio de centros logísticos que hagan un acompañamiento a estas actividades.

Dentro de este acompañamiento la labor de la logística debe estar muy bien planeada en consideración a las condiciones precarias a las que están sometidas las regiones rurales, por lo que la idea de generar nuevos puntos logísticos como los parques contemplados en el CONPES es una buena estrategia para dar un primer impulso al fortalecimiento del agro. Desde luego, aprovechando el marco para la paz y la reconciliación; el campesino y en general el sector rural debe ser el mayor favorecido, por lo que debería aspirarse y esperar un crecimiento potencial de éste sector tanto a nivel internacional como a nivel intra nacional. Cabe mencionar de nuevo que la apertura del territorio no solo traerá consigo nuevas posibilidades de comercialización a nivel interno y nuevas oportunidades de empleo, sino también responsabilidades estatales en pro de aumentar la cobertura de infraestructura que en coordinación con procesos logísticos ofrezca una mejor comunicación para el desplazamiento de productos a través del territorio.

Por el momento, las prioridades son el cierre de brechas, por una parte entre lo urbano y lo rural y por otro, entre las exportaciones y las importaciones. Así como el fortalecimiento de los procesos productivos para hacer más diversa la oferta de productos dejando todo el peso de las exportaciones a las materias primas.

Anexos


Tabla 1.Posición de Colombia - “Anuario mundial de competitividad” (2017)
Figura 1. Corredores Logísticos “CONPES 3547” - (Consejo Nacional de Política Económica y social, 2008)
Descripción: http://www.elespectador.com/sites/default/files/c663fd76dcb16f38b47b8b36feebc8cd.jpg
Figura 2. Mapa de presencia de las Farc y las Bacrim – “
Intensidad del conflicto no baja” (El Espectador, 2013)

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