Dentro de los propósitos que me hice este año estuvo el leer un libro por mes. Esto por el momento se ha cumplido, y aunque estuve un poco atrasado por compromisos académicos, aproveché las vacaciones para ponerme al día, primero con “Verónika decide morir” de Paulo Cohelo, y luego con “Un mundo para Julius” del peruano Alfredo Bryce Echenique. De Verónika hablaré en una próxima entrada…
A decir verdad, comencé a leer el libro porque pensé que
tendría algo que ver con una serie de los noventa que se transmitía en Colombia
por RTI, que se llamaba “Julius” que trataba de un niño con vida miserable y me
generaba melancolía su historia; el niño tenía diferentes aventuras según recuerdo
y era clásico verlo con su saquito amarillo y corbatín, junto con sus lentes y
su pantalón corto. Recuerdo claramente las crisis de la hermana de Julius y la
sangre que aparecía en los edredones en las escenas (Y me consternaban un poco,
porque en esa época a mí se me venía la sangre por la nariz en las noches. Yo
tenía tres años nada más y me asustaba morirme como le pasó a la niña
posteriormente). Efectivamente, con lo poco que leí me di cuenta que la serie
estaba basada en el libro. Eso sí, mucho más dramática como no podría ser de
otra manera para el público latino.
Inicialmente hablemos de la trama del libro, que es en
esencia lo que a uno lo atrapa o no. El libro es una crítica mordaz y elegante
a la pasada oligarquía limeña, pintando estereotipos que seguramente son
fáciles de hallar en nuestros días, desde la realidad de un niño – Julius – que
poco a poco va creciendo conforme se desarrolla el libro. No negaré que una
crítica social será un tema de interés para mí. Pero la forma en la que Bryce
lo maneja no fue de mi total agrado.
Bryce nos toma de la mano describiendo los entornos y las
situaciones como lo haría un pequeño genio de la edad de Julius, pero sin
desmeritar la calidad con la que lo hace. Esconde detalles de la realidad, como
si solo nos fuera lícito ver, lo que a Julios le es permitido conocer;
obviamente el lector es mucho más consciente de lo que sucede que el mismo
Julius. Bryce, por otro lado, equilibra la simpleza del desarrollo con una
narrativa de los pensamientos de los personajes, incluyéndolos en el momentos
que uno menos se lo espera, manteniendo al lector al pendiente de un cambio de
plano (De narrativa en tercera persona, a la interiorización particular). Bryce
es muy sutil con las críticas a los estereotipos, valiéndose de adjetivos
repetitivos y alusivos a cada personaje como: “Esas pequeñas mierdecillas!”
para referirse a los niños Lastrarria, o “Linda, solamente linda” para referirse
a la simpleza de Susan y un sinfín de
adjetivos para los otros personajes.
El libro en lo personal, me pareció difícil de leer porque Bryce
nos suelta de un momento a otro entre las situaciones con los pensamientos de
los actores de las escenas y hay que hacer un esfuerzo por encontrar quienes
están actuando o haciendo qué en muchos momentos de la historia. Debo reconocer
que de las casi 120 páginas que leí solo disfruté unas 30, 20 de la aventura
independiente de Julius y las otras diez de la convivencia con su hermana; es
decir, las veces en que el libro estaba encausado en máximos dos personajes por
vez. Otro elemento que en lo personal me dificultó la lectura es la lenta sucesión
de eventos, haciendo la lectura pesada y lenta. Al final, el tema principal (Un
lugar en el mundo de la oligarquía frívola y superficial, donde pudiera encajar
Julius) se había desgastado y ya no me interesaba dónde se pudiera colocar al
pequeño limeño de ascendencia estadounidense, porque todo lo que me mostraban era
lo incompleto de cada lugar en donde se hallaba el pequeño. Si bien no acabé de
leer el libro y no sé, y no puedo saber si al final Julius logro jugar su
propio juego de tronos en su mansión peruana, o si se quedó donde su esencia
realmente marcaba. Tampoco me interesa saber.
Pero no todo es malo, me agrada dar la noticia de que este
año se llegó a un concilio con el autor de ésta historia y habrá película de
Julius, lo que en verdad me alegra, porque la historia en sí misma es buena,
pero el manejo que le dio Bryce no fue compatible conmigo. Espero que la película
sea más rápida que el libro y que sea más amigable (debe serlo, dadas la pautas
propias del cine) con el espectador.
No me atrevo a recomendar un libro que no acabé. Pero, si
les llama la atención una lectura retadora, diferente, que sea una crítica a épocas
pasadas, y como un mero capricho cultural, Un Mundo Para Julius es una opción interesante a tener en cuenta.
FENRIR PLATEADO
