Santiago Gamboa es un escritor Colombiano que ha trabajado como periodista en diferentes medios. A él, lo conocí un día en que no tenía nada mejor que hacer que ir a un conversatorio que ofrecía en la red de Bibiliotecas Públicas de Bogotá. Fue por curiosidad que él se cruzó en mi camino; yo no conocía nada de él, solo éramos mi burrimiento y yo tratando de salvarnos de la ignorancia.
En mi arribismo intelectual decidí mezclarme entre los asistentes del conversatorio, bastante heterogéneo cabe decir, había desde niños, adolescentes, adultos jóvenes y ancianos que estaban en su primer amor por la lectura. Me hice en un costado donde no quedaba contiguo a nadie para que no comenzaran a formarme conversación y en ella me hallara descubierto. El salón amarillo había sido acomodado con sillas de distintos tamaños que acogieron a todos. De fondo estaba un entrevistador alegre y delgado, que estaba sentado en un sofá que se veía bien cómodo; al otro extremo estaba Santiago Gamboa.
Nunca había visto a Santiago. Mi primera impresión fue la de un papá Noel que aun cotizaba para su pensión, que trabajaba en una empresa, siempre con un buen comentario en la boca. Gordo y adorable, con una barba que le daba un aire de confianza. Al hablar el lugar se inundó de su sencilléz y el amarillo de las paredes hizo juego perfecto con la calidez de las respuestas que daba paso a paso en la entrevista. De manera análoga mi respeto hacia él y la admiración se iban haciendo evidentes y una increíble curisiodad iba anidándose. Definitivamente tenía que estar allí, definitivamente tenía que conocerlo.
Al término de la entrevista (No hablaré mucho de ella, porque hay cosas que uno se guarda para sí mismo) una muchacha confesó haber considerado el cambiarse el nombre como homenaje a uno de sus personajes (Juana, perosnaje que también amo). Estaba decidido a leer sobre él.
La semana siguiente por fin se liberó un libro en esa misma biblioteca y pude por fin contemplar el por qué de la admiración: Su estilo es acogedor, la historia te abraza y te suesta con sutileza y uno solo vuelve porque en ella se siente cómodo. Posteriormente continué leyendo más obras de él, algunas de ellas por puro interés y otras por causalidades del destino. En todo caso, Santiago Gamboa es uno de los autores colombianos con lo que más afinidad he sentido, la amabilidad de su páginas me enamora y no puedo resistirme a su estilo audáz y real. Espero contar con la suerte de hablar con él un día personalmente y desde luego consumir toda su obra.
Y sí, hay más literatura después de 100 años de Soledad...
jueves, 7 de septiembre de 2017
miércoles, 6 de septiembre de 2017
Las cortinas - Las cosas y el cuerpo I
El frío que me embarga es incomprensible ¿Por qué me dejan ir viendo lo débil que soy? Añoro cuando estoy trenzada y el sol me acaricia. Pero ahora que no solo estoy desecha, desanudada, desnuda, completa ante todos. La noche es mi enojo y mi tristeza.
Les juro que no entiendo: Si mis cabellos son hermosos, vistosos y les dan una flexible privacía, por qué los quieren recoger cuando el sol entra por la ventana, ¿acaso no merezco alguna tibieza en mi vida?
He visto más cosas de las que jamás podré dar razon, he sido tocada por más manos de las que hubiera querido pasar, y he sido complice de aquellos diminutos que con inocencia atrevida se introducen en mí a jugar. Desde donde estoy lo veo todo. Estos cabellos han visto adentro y afuera más que cualquiera.
Les juro que no entiendo: Si mis cabellos son hermosos, vistosos y les dan una flexible privacía, por qué los quieren recoger cuando el sol entra por la ventana, ¿acaso no merezco alguna tibieza en mi vida?
He visto más cosas de las que jamás podré dar razon, he sido tocada por más manos de las que hubiera querido pasar, y he sido complice de aquellos diminutos que con inocencia atrevida se introducen en mí a jugar. Desde donde estoy lo veo todo. Estos cabellos han visto adentro y afuera más que cualquiera.
martes, 5 de septiembre de 2017
La mirada - Las cosas y el cuerpo I
Habia una vez una mirada. Era una mirada como cualquier otra, de esas que a veces se quedan viendo al vacío y otras simplemente está adormecida por el cansancio. Esta mirada, lo escudriñaba todo en la casa, los azulejos del baño, las repisas empolvadas, el suelo que rechina con el mínimo esfuerzo, el cuerpo que lo conduce...La mirada veía cuanto podía.
La mirada llevaba vestido marrón como muchas otras, y de vez en cuando, cuando el sol la besaba muy apasionadamente su vestido se tostaba hacia un amarillo intenso muy particular. La mirada amaba la nueva casa. Pero nunca vió la mirada verde que siempre la buscaba a diario allí mismo.
La mirada llevaba vestido marrón como muchas otras, y de vez en cuando, cuando el sol la besaba muy apasionadamente su vestido se tostaba hacia un amarillo intenso muy particular. La mirada amaba la nueva casa. Pero nunca vió la mirada verde que siempre la buscaba a diario allí mismo.
lunes, 4 de septiembre de 2017
Las llaves - Las cosas y el cuerpo I
Muchas cosas tienen un increíble parecido con las llaves. Como la consciencia, que en los momentos menos esperados se nos desvanece incluso habiendolas tenido entre las manos hace muy poco. Sí, las llaves son como la conciencia: No todas las llaves sirven para abrir lo mismo y no todas las cerraduras abren con la misma llave. Pasa igual con la consciencia, no siempre nos sirve para todas las ocasiones y en no todas las ocasiones se puede usar la consciencia. En todo caso, algo es seguro, ninguna consciencia es como las otras pero todas tienen algo en común. Son retorcidas como los canales de una llave, mordisqueadas para encajar en el mundo y tienen a oxidarse con el tiempo.
Nuevo Proyecto
En mi búsqueda por el crecimiento personal, me ha surgido la idea imperiosa de forjarme y formarme de manera autodidacta en la escritura yendo paso a paso, escribiendo con disciplina. Por lo mismo, planeo escribir o una historia a partir de relatos cortos, o todo lo contrario, historias cortas en relatos cortos. Aun no lo decido bien, pero sin duda va ser importante para salir de la zona de confort y crecer así sea poco, pero crecer al fin y al cabo.
domingo, 3 de julio de 2016
Dicen que todos los caminos conducen a Roma
Pero ¿qué hacer cuando el suicidio nos es esquivo, porque no tenemos las herramientas en la valentía del alma para cometerlo?
Ultimamente he pensado que actue con soberbia frente al tema de la drogadicción, al suponer aunque fuera de manera subconsciente que mi vida es mejor que la de los otros, que todos debían ver lo maravilloso del universo y no buscar otras realidades. Es un error que un hombre orgulloso como yo no está excento de cometer. No estoy pensando en drogarme ni mucho menos.
Cada quien se mata a su manera, y yo no soy nadie para decirles a los demás como deben llevar su camino a Roma y menos a sentir lástima por ellos; después de todo hay quienes van en un metro de promiscuidad, otros en un ferrari de drogas, unos en un audi de alcoholismo y algunos en un . Medios de Transportes es lo que hay para llegar a Roma. Y todos y cada uno de ellos son respetables, en la medida de que yo pretendo ir a Roma lo mismo que ellos (conscientes o inconscientes, menos que es de mi interés). En este punto de mi vida ninguno de los escenarios me interesa, prefiero seguirle haciendo aventones a la vida a ver si una camioneta amiga me lleva sin mayores lios allá.
jueves, 30 de junio de 2016
Las Noches
Son solamente noches
Son buenas porque estás a salvo bajo las cobijas que alguna vez me abrigaron
No lo son tanto porque no estoy bajo ellas, sintiéndome protegido en tus brazos.
Son buenas porque estás a salvo bajo las cobijas que alguna vez me abrigaron
No lo son tanto porque no estoy bajo ellas, sintiéndome protegido en tus brazos.
Son quizá, algo buenas, porque descansas
Son quizá, no tan buenas, porque Morfeo te tiene y yo te deseo.
En algún punto deseo que los oníricos caminos de la coincidencia, nos permitan tan siquiera el saludo de lejos. Un vistazo me basta.
Son quizá, no tan buenas, porque Morfeo te tiene y yo te deseo.
En algún punto deseo que los oníricos caminos de la coincidencia, nos permitan tan siquiera el saludo de lejos. Un vistazo me basta.
El alba parece lejano y la noche temerosa.
Son solamente noches…
Si tomas mi mano,
aún la distancia, serán nuestras noches,
porque no solo quiero contigo las buenas, también las que ocultan la tempestad.
Son solamente noches.
Porque sé que estás bien.
No tan buenas, porque en los caminos palpables y redados no cruzamos el saludo tenue de cada noche.
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Día 1 - Dejavú
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