Sobre la marea que se cierne como penumbra entre lo
escondido y lo divino, veo a lo lejos la tenue parpadeante luz que acontece antes del amanecer. Es la
despedida perenne con la que me cito cada noche esperando estar cada vez más
cerca de ese punto que ondea a lo lejos, idealizándolo, palpándolo en mi mente,
respirándolo cerca. Pero no.
La balsa que ondea acompasada en un vaivén desesperante no
se inmuta por mi existencia, porque convivimos en las calmas. Yo soy el viento
y ella no puede transportarme y yo no me atrevo a transportarla a ella. Mis
brazos están imposibilitados para asirla y llevarla hacia donde quiero porque
carezco de mi rumbo y la balsa carece de pescador.
En la despedida, el fulgor que flota sobre la marea se
sumerge y se eleva, se gasta, se descompone, se reintegra. Quiero pensar, que
como yo, navega sin llevar o traer, es otro viento, es otro aire.
Si no viene un huracán no nos encontraremos jamás, nos
seguiremos viendo a lo lejos, quizá ese viento encendido viéndome como la
penumbra tras la barca y yo viéndole como el viendo sereno que resplandece al
otro lado del misterio, sin saber… si realmente aquel viento puede verme en
medio de toda la penumbra que me asiste.
No somos nada porque no nos hemos encontrado. Cada uno es
por su lado. Cada uno no es por su lado. Soy el aire que no entiende que no sea
el mismo aire.
La balsa algún día sucumbirá ante el tiempo y ya no habrá ni
huracán ni balsa que lleve a éste servidor a buen puerto.
Sean
bienvenidos todos ustedes a mi blog, espero que todos aquellos que me lean no
hayan llegado a este artículo por equivocación, pero si es así, déjenme
decirles que espero le den una leída a las otras entradas del blog para ver si
es de su agrado.
Hoy, quisiera
hablar sobre las facilidades que nos ofrece el mundo para enriquecer nuestro bagaje
cultural. En especial, me refiero a lo que la ciudad puede ofrecernos en cuanto
a museísmo. Es casi de conocimiento público que en Bogotá los últimos domingos
de cada mes la entrada de algunos museos es gratuita, y en verdad no son pocos
los museos disponibles en Bogotá; y están ubicados en diferentes puntos de la
capital colombiana, así que si usted quien me lee está interesado en compartir
un domingo distinto al acostumbrado, ya sea en su casa sin mucho qué hacer, o
dedicado a ciclovía, lo invito a que lea el listado publicado por la página
Cívico, donde nos ofrece un panorama completo para agendar una visita a
cualquiera de los 36 museos disponibles (muy seguramente habrá otros que no estén en la lista, pero que de igual
manera no estaría de más visitar). Aquí debajo el link.
Por otra
parte si su interés está más enfocado hacia las producciones
cinematográficasy prefiere sentarse
frente a una pantalla y comer bocadillos mientras disfruta de una buena
historia le recomiendo que se antoje con alguna de las cien mejores películas
estadounidenses. Una interesante recopilación hecha por la cadena BBC, por lo
que se puede tener un alto grado de calidad en las posicionadas. Aquí abajo
dejo el link con el listado completo.
No siendo
más por el momento, me despido, dejándoles una pista a cerca de lo que hablaré
la próxima vez en mi Blog ¿A ustedes a qué les suena “AMERICANA EXÓTICA”?
Niñas
Mal comenzó siendo un filme mexicano llevado
de la mano de Fernando Sariñana. Posteriormente MTV hizo una producción con
artistas colombianos y mexicanos con un nombre homónimo. Es gracias a esta
serie (Y a mi gusto por Ximena Sariñana, no voy a ocultarlo) que decidí
aprovechara ver la película cuando la
dieron por un canal de películas de tv paga. He aquí que confirmo mi gusto por
las niñas malas (en realidad no tan malas) una vez más.
La
historia se centra en Adela, una chica rebelde hija de un político en campaña
que a cambio de que Adela vaya a Londres a estudiar actuación le pone como
condición asistir y completar el curso para señoritas que ofrece la Señora
Maca, para que ella cambie su actitud indecorosa y libre. Así pues, Adela
conoce a otras chicas allí y comienzan a desarrollarse sucesos de diferentes
colores y sabores.
Esta
película es el fiel reflejo de que pueden crearse historias tipo Disney con
nuestra esencia latina, pero sin sobre condimentar la mezcla hasta lo burdo y
soez. Donde los personajes están bien estructurados y actúan de forma melodiosa
entre sí, llevándonos por momentos de drama ceremonioso, y comedia no forzada,
siendo una producción suave, divertida y por qué no, con una idea central
definida, algo empalagosa, peroal más
puro estilo clásico del cine adolescente “Eres quien eres”. Aunque la película
es en verdad corta, siento que el tema se desarrolló correctamente, no había
razón para hacerla más larga, se le dio su respectiva importancia a cada
personaje y aunque por momentos se desdibujaba la realidad para que todo
quedara justo donde debía, no molesta, al fin, ya nos han venido embutiendo que
todo al final se resuelve por arte de magia en las producciones
extranjeras,entonces¿Por qué en México, dios no ayuda también?
Debo
mencionar, que las actuaciones fueron espléndidas, y reconozco el trabajo del
libretista al ironizar los estándares que se tienen para las mujeres, yendo
desde la idea secundaria de ver a la mujer como subyugada del hombre destinada
para servirle, para transformarle en una dama solo para sí misma, siendo quien
es, solo para sí misma, siendo una Dama porque sí. El vivo ejemplo es Doña
Maca, que es toda una señora, pero sin marido. Hay que abonarle también que
jugó con cada personaje con un cuidado exquisito, mostrando a la lesbiana como
la más dulce y femenina (en contraposición al estereotipo de marimacha), a la más torpe grácil (porque no todas la mujeres
tienen que ser hábiles)y con momentos
de audacia, la rebelde con un marde
emociones, la estudiosa con un encanto para conquistar, y la devota como un
intento de aventada y solapada.
La
música no destacó por su arte, pero teniendo en cuenta que la película está
destinada más a un público joven y libre, es adecuada. Las canciones de Ximena
son más que acertadas.
Si
alguien me preguntara sobre algo que no me gustara, diría que en general la
película me encantó y que encuentro muy difícil mencionar algo que me
desencante de ella. Quizá y solo quizá mencionaría que me hubiera gustado que
Doña Maca se hubiera mostrado más cercana al mundo terrenal, que también tuvo
un aprendizaje luego de todo el proceso en la casa y no tanto como un ente por
encima del bien y del mal. Luego pienso en qué tan acertado podría ser esto, o
si bajar de nivel a Doña Maca desequilibraría todo en el filme.
Por
último, quisiera hacer un llamado de atención al cine colombiano.
Recientemente, he visto más calidad en producciones mexicanas aunque hayan sido
pocas, que en el cine que ha sacado Colombia. Imagino que debe ser difícil para
Dago García cumplir su cuota decembrina cada año con una película. Pero por
favor CARACOL TELEVISION y RCN CINE, ya basta. Al menos denle la oportunidad a
otros directores, libretistas y cineastas para ver si sale algo bueno de tanta
producción basura que tanto daño le hace la país dejándonos ver ante la
comunidad internacional como un país metido en un corral (que no es lejano a la
realidad, pero Colombia tienemás que
mostrar) con narcos, drogadictos, gente sin clase, arribista, simple y
dicharachera. ¡Qué rico sería ver, una producción enfocada al público
adolescente, que no tenga que ver con prostitución, guerra, narcotráfico,
violencia, reggaetón! Producciones como “El Carro” o “Pena Máxima” Fueron
buenas en SU ÉPOCA. Los tiempos han cambiado, y espero no sea mucho pedir que
se reevalúen las posibilidades. Niñas mal no fue una producción complicada como
para que en Colombia no se haga algo diferente también.
Recomiendo
entonces niñas mal, si están interesados en alguna película sauve, entretenida
y corta. No voy a decir que es un hito del cine mexicano ni mucho menos, pero al menos es diferente a lo nos dejan ver de ellos. Sin más que agrgar les digo: ¡Felices Aullidos!
Mucho
se ha hablado sobre los libros de autoayuda de Paulo Coelho. Que son buenos,
que son malos, que a muchas personas les ha ayudado, que a otras les ha hecho
perder su tiempo. Nadie es monedita de oro, eso es seguro, y Coelho no es la
excepción. Por eso, en la lista de libros que quise leer este año estaba “Verónika
decide Morir” uno de sus libros más representativos, y del que ya conocía parte
de su historia porque ya lo había comenzado en compañía de un amigo en noveno
grado (Secundaria). En efecto lo leí.
Me
tomó más tiempo del qué pensé que lo haría, y más del que debió también. En
buena medida porque la historia atrapa muy suavemente, tan suavemente que
cualquiera puede dejar la historia a la mitad, y en su vida no se formaría un
vacío por no saber cómo termina la historia de la suicida, como sí pasaría con
otras historias. No quiero decir con esto que el libro sea malo o bueno, porque
no es el propósito de este blog, prefiero decir, si me gustao no lo hace.Por eso, me demoré, lo leía esporádicamente.
La
historia de la suicida que luego de su “No fallo” comienza a enterarse de qué
va la vida, es un tema que por el simple hecho de ser un poco tabú despierta en
el lector interés por la protagonista. Pero éste interés se desvanece en mí,
luego de unas cuantas páginas porque sé cómo terminará el libro (en efecto mis
suposiciones resultaron ser correctas), por tanto el libro se vuelve tozudo a
la vuelta de la esquina diciéndonos con todos sus personajes << ¡Adelante!
Vive tu vida como quieras, sé un loco sin remedio aun si tienes que comportarte
como un cuerdo, para ser feliz haciendo tus locuras>>. El mensaje en sí
mismo no está mal. Nunca podría estar mal un mensaje que aboga por la libertad.
Pero emplear en mi opinión, una idea tan explotable como el suicidio en un
libro de autoayuda, que algunos lo encontramos llano, se siente como un crimen.
Esperaba más drama, pero solo hallé retórica filosófica barata, de la que cualquier
persona sentada en un bus con la cabeza contra la ventana puede pensar,
sazonada con una historia simple, simplísima.
Seguramente
cumple con su propósito de ayudar a aquellas personas que se sienten al final
de un callejón con una vida predecible y al servicio de complacer a otros antes
que a si mismos. Seguramente también, diría que si una persona llega al punto
de abordar este libro como un bote salvavidas, estaría mucho mejor en manos de
un especialista de las ciencias humanas, léase, psicólogo o psiquiatra. Porque
en mi opinión (redundando) una idea tan simple no puede ayudar, y menos cuando
no se extiende más allá de lo evidente.
Recomiendo
el libro para una tarde, en la que no haya mucho interés por una lectura
exigente, se esté aburrido y con el ánimo abajo.
Concluyendo,
el libro no me disgustó, pero yo lo recomendaría para jovencitos de trece años,
a lo sumo, como para que reflexionen sobre cómo quieren perfilar su vida, aun
así hay otros libros interesantes para leer a esa edad (o cualquier otra) antes
que ese. Pese a todo, no me arrepiento de haberlo leído, al menos ya tengo una opinión
sobre este escritor. Ahí queda como dije en el título, la libertad de lectura
de cada quien.
Dentro de los propósitos que me hice este año estuvo el leer
un libro por mes. Esto por el momento se ha cumplido, y aunque estuve un poco
atrasado por compromisos académicos, aproveché las vacaciones para ponerme al
día, primero con “Verónika decide morir” de Paulo Cohelo,y luego con “Un mundo para Julius” del
peruano Alfredo Bryce Echenique. De Verónika hablaré en una próxima entrada…
A decir verdad, comencé a leer el libro porque pensé que
tendría algo que ver con una serie de los noventa que se transmitía en Colombia
por RTI, que se llamaba “Julius” que trataba de un niño con vida miserable y me
generaba melancolía su historia; el niño tenía diferentes aventuras según recuerdo
y era clásico verlo con su saquito amarillo y corbatín, junto con sus lentes y
su pantalón corto. Recuerdo claramente las crisis de la hermana de Julius y la
sangre que aparecía en los edredones en las escenas (Y me consternaban un poco,
porque en esa época a mí se me venía la sangre por la nariz en las noches. Yo
tenía tres años nada más y me asustaba morirme como le pasó a la niña
posteriormente). Efectivamente, con lo poco que leí me di cuenta que la serie
estaba basada en el libro. Eso sí, mucho más dramática como no podría ser de
otra manera para el público latino.
Inicialmente hablemos de la trama del libro, que es en
esencia lo que a uno lo atrapa o no. El libro es una crítica mordaz y elegante
a la pasada oligarquía limeña, pintando estereotipos que seguramente son
fáciles de hallar en nuestros días, desde la realidad de un niño – Julius – que
poco a poco va creciendo conforme se desarrolla el libro. No negaré que una
crítica social será un tema de interés para mí. Pero la forma en la que Bryce
lo maneja no fue de mi total agrado.
Bryce nos toma de la mano describiendo los entornos y las
situaciones como lo haría un pequeño genio de la edad de Julius, pero sin
desmeritar la calidad con la que lo hace. Esconde detalles de la realidad, como
si solo nos fuera lícito ver, lo que a Julios le es permitido conocer;
obviamente el lector es mucho más consciente de lo que sucede que el mismo
Julius. Bryce, por otro lado, equilibra la simpleza del desarrollo con una
narrativa de los pensamientos de los personajes, incluyéndolos en el momentos
que uno menos se lo espera, manteniendo al lector al pendiente de un cambio de
plano (De narrativa en tercera persona, a la interiorización particular). Bryce
es muy sutil con las críticas a los estereotipos, valiéndose de adjetivos
repetitivos y alusivos a cada personaje como: “Esas pequeñas mierdecillas!”
para referirse a los niños Lastrarria, o “Linda, solamente linda” para referirse
a la simpleza de Susan y un sinfín de
adjetivos para los otros personajes.
El libro en lo personal, me pareció difícil de leer porque Bryce
nos suelta de un momento a otro entre las situaciones con los pensamientos de
los actores de las escenas y hay que hacer un esfuerzo por encontrar quienes
están actuando o haciendo qué en muchos momentos de la historia. Debo reconocer
que de las casi 120 páginas que leí solo disfruté unas 30, 20 de la aventura
independiente de Julius y las otras diez de la convivencia con su hermana; es
decir, las veces en que el libro estaba encausado en máximos dos personajes por
vez. Otro elemento que en lo personal me dificultó la lectura es la lenta sucesión
de eventos, haciendo la lectura pesada y lenta. Al final, el tema principal (Un
lugar en el mundo de la oligarquía frívola y superficial, donde pudiera encajar
Julius) se había desgastado y ya no me interesaba dónde se pudiera colocar al
pequeño limeño de ascendencia estadounidense, porque todo lo que me mostraban era
lo incompleto de cada lugar en donde se hallaba el pequeño. Si bien no acabé de
leer el libro y no sé, y no puedo saber si al final Julius logro jugar su
propio juego de tronos en su mansión peruana, o si se quedó donde su esencia
realmente marcaba. Tampoco me interesa saber.
Pero no todo es malo, me agrada dar la noticia de que este
año se llegó a un concilio con el autor de ésta historia y habrá película de
Julius, lo que en verdad me alegra, porque la historia en sí misma es buena,
pero el manejo que le dio Bryce no fue compatible conmigo. Espero que la película
sea más rápida que el libro y que sea más amigable (debe serlo, dadas la pautas
propias del cine) con el espectador.
No me atrevo a recomendar un libro que no acabé. Pero, si
les llama la atención una lectura retadora, diferente, que sea una crítica a épocas
pasadas, y como un mero capricho cultural, Un Mundo Para Juliuses una opción interesante a tener en cuenta.
El
silogismo según lo define la RAE es, <<m.Fil. Argumento que consta de
tres proposiciones, la última de las cuales se deduce necesariamente de las
otras dos>>. Entonces, si yo digo, la infidelidad es común en la comunidad
gay, y luego añado, una persona infiel termina irremediablemente en la soledad;
puedo afirmar finalmente que, es común en la comunidad gay que una persona
termine sola. He aquí, he construido un silogismo sobre una realidad en la
comunidad LGBT. Por supuesto, esto aplica para todo el mundo, pero en especial
a la comunidad LGBT a la que le es difícil construir algo sólido como si sucede
con el mundo heterosexual, dadas sus limitaciones sociales. Pero no quiero
entrar a discutir sobre las facilidades o dificultades que posean los gais,
lesbianas y travestis y los demás no heterosexuales a la hora de formalizar una
relación.
Hoy
quiero hablar sobre la Película del director Abdellatif Kechiche ganadora de una palma de
oro, La Vida Adele. Basada en la novela gráfica de Julie Maroh (quien estuvo
también a cargo del guión) “El azul es un color cálido” (Esto lo vine a saber
luego de ver la película, y ahora tiene todo el sentido del mundo).
Antes
que nada quisiera enmarcar el hecho de que la película estámuy bien lograda y posee una identidad
pertinente a lo que desea transmitir, sin irse a los excesos sexuales que
pudiera ofrecernos el cine arcoíris, o sin irse al dramatismo innecesario, o
sin dejarse llevar por temáticas cliché de enfermedades venéreas o el eterno
drama de salir del closet. No. Como tal la película nos lleva de la mano
suavemente por una realidad romántica; por una evolución de Adele desde el
plano emocional de la pareja.
No
voy a entrar a dar detalles de la trama, pero si quiero recomendar la película
a aquellas personas que se sienten confundidas con su identidad sexual. En mi
opinión Adele es un excelente
instructivo, a grosso modo de la transmutaciones que uno como gay hace a lo
largo de su desarrollo como persona permitiéndonos interiorizar las emociones
que pudiera tener Adele a lo largo de todas las situaciones a las que se
enfrenta, de igual forma, cabe mencionar que tales transmutaciones nunca han de
cesar, tal y como lo muestra el crudo final del filme, que nos deja suspendidos
en un sinsabor que se mastica como realidad y con el cual todos nos sentimos
identificados. Además, sin importar en qué etapa se encuentre uno con respecto
a Adele, creo que se puede aprender sobre lo que puede llegar en un futuro en
una relación.
Dentro de las cosas destacables a parte de su
trama, menciono la ausencia de musicalidad de la película, que ayuda a manejar
el realismo de la película no sesgándola hacia un sentimiento definido, permitiéndole
al espectador decidir por sí mismo como sentirse al respecto. Y esta responsabilidad
y derecho que el director nos permite se me hace un acto muy elegante. La
cámara no impactó, ni siquiera durante las escenas de sexo, espero que haya
sido con la misma intención de respeto hacia el espectador, intentando no protagonizar
un aspecto en general, sino dando la opción de escogencia cada vez. Las
actuaciones me fascinaron porque los personajes estaban bien definidos, casi
hasta el punto de predicción; no obstante, si quiero señalar una falla que
sucede y es la poca evolución de la protagonista, es decir, no hubo como tal
una madurez luego de todo lo que le aconteció.
Por
lo demás, recomiendo a Adele. Una película simple, pero que encierra muy bien
el proceso de maduración en las personas gais, incluyendo aceptación,
convivencia, duelo y crecimiento.