sábado, 10 de marzo de 2018

La calma que ruge

No hay tormenta sin calma, y mi calma ruge y ya no es más.

Fuiste el sol, fuiste el frío. En la realidad y en la ilusión, me recogí a ti, como si el invierno me acariciase y fueras el verano que reconforta en la sombra. Un sin sentido colmado de agobio que alimentaba el corazón y cobraba sus servicios son sangre y lágrimas

Dulce veneno de ambrosía, que de tus labios veo brillar. Me turba, me enerba, me conduele, me hace rendir, retroceder, callar, morder, desesperar. Lo es todo y me deja en la nada, cuando está y cuando no.

No hay tibieza, si antes no hubo fuego abrazador y tampoco si no hubo antes un frío, un viento, un ahogo...

Debo confesar que no me hallo sin la fiereza de tu mar, por muy elevadas que sean olas y existan un sin fín de remolinos, fue el unico lugar donde plante mis pies. No hay tormenta sin calma...

Ahora, que me hallo con los pies en tierra, me siento tan en calma, que si rujo, ya no seré más.


miércoles, 15 de noviembre de 2017

Agradecimiento

Hola a todos los que leen este blog.

De manera totalmente sincera quiero agradecer por todo el apoyo a mis lecturas a través de la caricia de su mirada. Fue un buen comienzo para sentirme más seguro, algó así como los primeros y cómicos pasos de cervatillo. Hoy, sin embargo, pienso que es momento de dejar esta etapa de lado y comcentrarme en proyectos más importantes, más ambiciosos y demandantes; desde luego con todo el rigor que ello implica.

No puedo más que darles las gracias por aportar cada uno desde su instancia, que en algún mometo me ayudó a fortalecer e impulsar mi creactividad. Espero me sigan apoyando con mis nuevos proyectos de los que por supuesto les estaré informando.

Sin más que decir, me despido. Gracias, buenas páginas y buenos trazos.



- Fenrir Plateado.

jueves, 9 de noviembre de 2017

Carlitos y el mundo - El Elefante de Madera Parte 1

En una de las salidas de domingo con papá, Carlitos y él fueron al parque más allá de la carretera, donde pocas veces iban por que era un lugar remoto y lejano. Carlito miraba en el camino las casas de estilo londinense que iban a lado y lado de la calle, y de vez en cuando apresuraba un poco el paso para ver las vitrinas, que estaban llenas de cosas coloridas, artísticas, en madera y otras manufacturas decorativas que son más lujos que otra cosa. Carlitos amaba la madera y esta salida le resultaba tan enriquecedora como el mismo no tenía idea.

En medio de los laberintos de las calles, llegaron por fin a un parque pequeño que tenia un árbol en todo el centro. El árbol era sumamente grande, anormalmente enorme para hallarse en medio de la ciudad, y sin embargo, allí estaba, desapercibido pero bien acogido por las casas al rededor del parque. Era como un rey entre los pequeños arboles de flores y Eucaliptos que había a su alrededor. Su madera era muy rugosa, incluso para un arbol, y su configuración daba para pensar que el árbol tenía ojos, ya que, tenía protuberancias concavas y convexas que convergían en us esquinas y tenían dentro una serie de circulos concentricos. Carlitos de algún modo se sentía atemorizado por el árbol, se sentía observado por tantos círculos en torno al tronco, y que, seguian elevándose conforme se trataba de ver el final del árbol.

Sin embargo, lo que más captó su atención fueron las raices. Éstas, no eran largos brazos decadentes enredados unos osbre otros, sino, obustos brazos que se sumergían en la tierra de pronto, con compromiso ferreo, pero estaban tan juntos y a la vez tan definidos que cualquiera que lo hubiera visto sabría de inmediato que tales raíces no se mezclarían jamás por debajo del suelo. Parecían la pata de un elefante. El papá de carlitos notó el interés del niño, y entonces repuso mientras se sentaban en una de las bancas de concreto: ¿Quieres oir la historia del Elefante de Madera? - Carlitos, motivado por la fantasía asintió callado para que la historia diera comienzo tan pronto como se pudiera. Don Carlos se aclaró la garganta y comenzó: "Había una vez..."

domingo, 5 de noviembre de 2017

El Zorro me presentó a Allende ¿O era al revés?

El Zorro, es decir, Don Diego de la Vega (¡Pero que nadie lo sepa, eh!) es un personaje conocido por todos, de encanto irrestible como cualquier antihéroe que se respete. Sin duda, uno de los íconos latinoaméricanos menos valorados, pero que representa una rara mezcla entre culturas que rara vez se podría contemplar.

Como habrán podido notar los que siguen este blog de cerca, he logrado en medio de tropiezos, y discontinuidades lograr leer un libro por mes pudiendo llegar hasta casi 6 libros leídos este año (teniendo en cuenta que pisé el acelerador luego de mitad de año), cosa que me supone un enorme logro. El más reciente libro:  "El Zorro - Comienza la leyenda" de Isabel Allende, a quien tenía pensado leer, pero este intrépido enmascarado realizó un rápida finta entre los estantes de la biblioteca y con su irrestible magnetismo me obligó a tomarme una pausa de mi recorrido por la literatura colombiana para dar una probada de la chilena.

Pero ¿Qué se puede decir de esta obra? Antes que nada, que me parece oportuna. Y de paso, aprovecho este punto introductorio para comentar que, si usted, estimado lector, espera encontrar un desarrollo de la película "La máscara de Zorro" de Antonio Banderas, como si la película de Sony fuera un resumen, lamento decirle que ambas obras son originales, independientes y desprendidas de la idea original del Zorro (creación semanal, que sería bueno que indgaran más, así como lo haré yo). Sin embargo, la obra de Allende involucra un universo más armonioso y articulado.

La autora nos va pintando un escenario, luego lo trasciende, y lo va infiltrando tanto hasta que uno puede caminar sin perderse en todos los espacios y sentirlos familiares. Y de manera sorprendente va educando a Diego con la misma sutileza de un zorro, y aún tiene la audacia de involucrarse ella misma mediante un homónimo en la vida del zorro (A que es un galán el tipo, ¿no?) Y nos cuenta cómo es que se va configurando este magnífico guerrero y cómo, cada habilidad no es una selección milagrosa de genes, sino un azar afortunado del destino que Diego de la Vega supo aprovechar bien.

Sin duda de las cosas que más me agradaron del libro fue la inclusión de personajes típicos del Zorro que no se notaron en la película, que para quienes no se hallan enterado no es más que un spin off bien logrado de la historia original. Cosa que me dió la libertad de imaginarme a Diego y cada uno de los personajes a mi acomodo y no, amoldado al guapísimo Antonio Banderas. De la misma forma, amé el ritmo de la lectura, tan cómodo. He de decir que es de los libros con los que me he sentido más cómodo.

Lo recomiendo para quienes valoran el trasfondo de los héroes, antihéroes y protagonistas. Es una lectura suave, dinámica con los giros argumentales en su punto. Tal vez, el comienzo un poco lento, pero vale totalmente la pena todo el recorrido. Se siente uno al final, agradecido por haberle dado un sentido y una humanidad al enmascarado.


miércoles, 1 de noviembre de 2017

El Señor Ospitia


Cuando era pequeño vivía en la casa de mi tia. Viviamos los tres: Mis papás y yo en el tercer piso, en donde muchas aventuras viví con mi iamginación y la terraza desierta. Allí me asomaba por los barrotes y veía la calle. Siempre fui muy sociable, así que no era sino asomarme y la jornada de saludos comenzaba. No logro comprender en qué momento dejé perder esa habilidad tan bonita, seguramente se deba a la primera mudanza, mi hermana, y tantas otras posibles cosas...

En los días soleados, el señor Ospitia (Como creí que se llamaba, nunca esperé que fuera su apellido) tomaba el sol en el antejardín. El antejardín estaba compuesto por un bordillo donde se hallaban unas plantas moribundas, que a mí se me antojaba imaginar como un lago apestoso. El señor, que no era tan viejo en verdad me saludaba muy amablemente, y no vamos a decirnos mentiras, un saludo afable siempre es muy bien recibido.

El señor, tenía su tienda en el garaje de su casa justo en frente de la de mi tía, y como es de esperarse de cualquier tendero, sus relaciones con el barrio son fuertes. Así, pues dada la facilidad mi mamá compraba las cosas allí y yo la acompañaba generalmente con mis overoles y pantalones de tiranes (¡Qué bellas épocas!). El señor me alzaba desde que tengo memoria y me ponía sobre el mostrador y me regalaba un dulce, incluso los domingos me daba liberales, que también me enviaba cuando no iba. Sin duda dulce. Pero no era algo tan trivial como comprar al cliente, invertir en él. Años después le pregunté si así era con todos los niños, y resulta que no.

Aquel hombre, tenía una vida normal, hijos, esposa... Sin embargo, su hija, Diana había perdido un bebé en el mismo tiempo en que mi mamá estaba embarazada de mí. De algun modo, su afecto paternal de abuelo no murió sino que se distribuyó hacía mí. Cosa que le era correspondida, porque a mí me encantaba saludar aún si no habia recompensa, me gusta pensar que havía un afecto cuando le pedía que me alzaba sobre el mostrador y yo le preguntaba si ya había almorzado.

A los cinco años tuvimos que irnos de la casa de mi tía a la casa propia por fin (Año terrible por cierto). Años después, al menos unos dos, el señor tuvo que cerrar la tienda, pero hacía el esfuerzo de saludarme cuando mi tía le informaba que allí estaríamos mi mamá y yo de visita. Tristemente, con el tiempo la cercanía se volvió lejania y me terminé enterando que el señor falleció debido a un cáncer sorpesivo y agresivo. Todavía tengo el sin sabor de haberle dicho que lo apreciaba.

lunes, 30 de octubre de 2017

Cuando se voltea la torta

Desde hace tiempo he venido haciendo cambios internos en mi vida, que poco a poco se han ido materializando de manera acertiva en el exterior. En vista de eso, es muy dificil percibir los cambios a menos que estos sean totalmente radicales o que alguien más los haga notar. Hoy fue el caso del segundo evento. Por un instante quisieron hacerme creer que era un pedante y que incluso era para mí normal, ver a las personas por debajo de mí, como si yo fuera mejor que ellas.  Desde luego algo como esto me desconcertó, pues he sido fiel defensor de la igualdad y la equidad.

Hoy en medio de una pérdida de tiempo cobijada por el frío, la lectura y la impaciencia, meditaba sobre mis errores y en mi interior, la consciencia se me revolcaba aturdida de ira y estupefacción. ¿Cómo era posible que pensaran eso de mí, si en realidad tiendo a preguntar más por mi interlocutor que al embargo escupido de mi propia existencia? Me resultaba ofensivo y atrevido por demás.

Probablemente sí haya dicho antes cosas que resultan tan pasmosas como un baldado de agua en la cara, pero no por eso dejan de ser verdad. Así como creo en la igualdad, creo firmemente que el ser humano no vino al mundo a ser un cerdo más, que solo se ocupa de comer, follar, dormir y cagar. NO. Hemos sido privilegiados con múltiples dones, talentos, capacidades y habilidades. Que resultan desperdiciadas cuando se da cabida a la mediocridad, creyendo que la juventud se aprovecha más siendo una plasta risueña. No obstante, tampoco soy un dictador que viene a ser coach de todo mi circulo social a fin de sacarlos de su zona de confort. No estoy para eso y tampoco me interesa. Proablemente mi interés por el desarrrollo de las personas y sus aptitudes se derive de la cercania con las discpacidades, ya que, mi hermana en su condición de discapacidad ha mostrado mayor valentía al atreverse a cosas que muchos consideramos imposibles para ella, y sí,  ella es capaz ¿Por qué alguien que tiene todo para ser grande no lo hace? ¿Acaso no es un detrimento a los recursos que bien si podrían suplirle el apoyo a alguien que (No hablo de merecimientos, las oportunidades deberian ser iguales para todos) si tenga la intención de no ser un cero a la izquierda más?

En fin, volviendo a mi punto inicial, me examiné al punto de entender por qué se habian forjado una imagen de mí, aquellas dos personas que suelen ser del mismo círculo social y no otras con quienes comparto con mayor intensidad, y he aquí que he hallado una de las respuestas, y es que, los intereses que mueven cada uno de estos personajes son distintos en cada escenario. Y lo que es más, en ningún momento osé decirles cómo llevar su vida o peor, criticarla, fueron ellos mismos quienes dieron por sentado lo que en medio de suposiciones absurdas creyeron que yo pensaba de sus vidas. Y pues, debo confesar, que en los tiempos en que mi autoestima estaba condicionada por cómo me veían los demás también recurrí a esta práctica.

Añado a lo anterior que aquello de comparar la vida propia con la de los demás es una práctica dañina. Desde que decidí dejar de compararme e ir mi propio camino, he podido concetrarme más en las cosas y hoy, la torta ha dado la vuelta, es mi vida con la que se comparan, porque yo ya no me comparo por ninguna, y no, no es por altivez o vanidad, es por respeto a mí mismo y los otros. Solo puedo juzgar mi vida y hacerla más valedera conforme mi criterio así lo juzgue, con los demás, sencillamente no me nace ya.

Así que, liberé mi consciencia y me sentí liberado, finalmente estaba consciente de que no era mi responsabilidad el cómo se sientieran cuando yo confesaba cómo discurría mi vida, porque básicamente jamás juzgue sus vidas, tampoco les pedí que la compararan con la mia, y mucho menos les di elementos de valor para que al compararla tuvieran que sentirse inferiores. No es mi culpa que en medio de sus inseguridades reflejen en mí, lo que temen que otros piensen de ellos, cuando en verdad, sencillamente estoy para escuchar. Ya quemé mi etapa comparativa y ahora vivo a mi ritmo, y eso, es lo que puede hacerles creer a otros que me creo más que ellos, cuando en verdad ni reparo en mirar y comparar porque es un acto carente de sentido.

domingo, 29 de octubre de 2017

Otra confesión nocturna

Voy a contarles algo muy personal, cosa que no es muy común en este espacio pero que me parece relevante. Probablemente muchos de ustedes desconocen que poseo muy buena memoria para memorizar rostros y eventos particuales, algunos muy importantes y otros realmente tan escuetos y simples que solo son ruido en mi cabeza, pero los dejo allí, por la misma razón que no se botan las baratijas y cosas viejas "Por si acaso"

El día de hoy, estaba en la puerta del compromiso, dispuesto a presentar un examen en nombre de mi universidad y de algun modo saldar la magna deuda que tengo con ella. En medio del tugurio de jóvenes llenos de sueños, pereza, frío y expectativas, retomé mi hábito de reconocer personas de mi entorno. Antes, me había topado con un conocido cuyo caracter frívolo y sonrisa eterna son lo más cercano que conozco a una vibora. También estaban por allí un sujeto al que mi mejor amigo y yo llamamos orejas y tras un breve saludo cortás y lejano proseguimos a ver la puerta como una jauría perezosa y entumida. Aún así, hubo algo que destacó por detrás de él...

En un vistazo rápido me encontré con una sonrisa pura, que hacía muchos años no veía, y no miento al decir que es la sonrisa más perfecta que haya visto jamás. Incluso, me he tomado el trabajo de recordarla para que, llegado el momento, frente al ortodoncista, logremos algo similar. Pero ese no es el punto. Muchos recuerdos se desprendieron de sus telarañas y rodaron por ahí en mi mente. Recordé que a mis cuatro años él era mi mejor amigo, pero, ahora con la mente totalmente lúcida pude entender que él me gustaba, solo que en la ternura de la inocencia, tales sensaciones y percepciones aun careían de forma. Confirmé pues, que soy de esos casos en los que se nace gay y no se cincela, como muchos creen.

No quise saludar, la conformación del recuerdo debe mantenerse perenne y limpio. Me agradó saber que al igual que yo, se está formando y que no ha perdido encanto. Probablemente si nos volvemos a encontrar lo trate con el afecto que le guardo a los amigos lejanos, ya que del gusto solo queda la nostalgia y en este momento mi corazón anda raudo acompañado por alguien más, que le da un color a mi vida del que siento estaré orgulloso en el futuro.

A qué voy con todo esto. A que somos lo que somos; pero nos hacemos insconscientes para hacernos invisibles en las tinieblas para ser participes de ellas, ser uno con ellas, para no llamar su atención y que nos deje en paz.

Día 1 - Dejavú

Ha pasado ya, lo sé es una repetición fatal. ¿Qué es lo que debo hacer? ¿seguir firme hasta el final? Y yo sin querer proceder Me...