domingo, 1 de octubre de 2017

El mañanero

Su mano va subiendo por mis piernas, finjo dormir, sin queja y sin murmullo. El tórax marca un ritmo engañoso, pero él continua su ascenso y siento su mirada pícara recorrerme por debajo de las sábanas, su respiración se entrecorta, evidentemente no me lo va a poner fácil... Mi respiración está por cortarse también...

Se detiene y siento su cálida respiración cada vez más cerca llegando hasta mi oreja. Tiemblo. Me descubre. Me besa en el lóbulo de la oreja desde atrás. De pronto la mano que bajaba hace rato me invade en la entrepierna y me hace confesar en silencio que ya no duermo, mi humedad es su cómplice, su prueba reina. Marca  su intención con un vaivén de muñeca sobre mi ombligo...

Me acerca  a sus caderas y comienza un viaje sin retorno... Los buenos días han llegado.

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