La primera carta ta hablará del amor. La segunda del dinero. La tercera de la salud. La cuarta sobre tu porvenir. - Exhaló la pitonisa Barbara, sentada con las piernas curzadas mientras sonaba Hector Lavoe de fondo. El olor a cigarrillo y marihuana era dificil de discernir y Emilia comenzaba a marearse y se preguntaba si todo ese olor no sería lo que le haría a la gente creer en ese tipo de patrañas y no los poderes reales de una vidente.
La mujer de pelo rizado, largo y negro, menuda pero sensual barajó el mazo una ultima vez y miró a Emilia mirándola a los ojos evaluando qué más podría saber de ella. Toma - Le pasó el maso con la mano en la que llevaba el cigarillo piel roja. Emilia la tomó con perspicacia y también la barajó para evaluar la cara de Barbara, que ni se inmutó al respecto. Por el contrario sonrió.
Emilia, sacó la primera carta, la segunda, la tercera y así, hasta completar el juego según el orden de colocación que le habia indicado Bárbara en un mantel colorido pero falto de estética en el centro de mesa. Las volteó según las indicaciones de la pitonisa y observó atentamente cada una a medida que las giraba.
- Voltea la tercera. La de la salud - Dijo la mujer langaruta. Emilia abedecio - Observa, salió el caliz y dos ángeles - Dijo con el seño fruncido.
- ¿Qué significa? - Inquirió Emilia
- Linda, significa que tendrás una crisis de salud muy pronto, pero no te preocupes, no será realmente algo de qué preocuparse. El cáliz, tontamente se cree que es para celebrar. No lo es, se usaba antes de ir a una guerra. Los ángeles representan tu fé. La cual no debe flaquear. Toma la segunda carta.
Emilia prosiguió. La muerte se veía en la carta. Interesante - Dijo Bárbara botando el humo a un lado - Mira, la muerte es un nuevo ciclo, probablemente se trate de un nuevo empleo.
- Ojalá - Agregó Emilia - Ya estoy como tan cansada de lo mismo ¿Usted no le pasa? ¿No se cansa de andarle leyendo la suerte a todos?
- No, mira que no, linda. Es que cada suerte es diferente, este trabajo es muy dinámico ¿Entiendes? Y pues, para qué, pero no me estoy jodiendo en una oficina, acá soy libre. Las putas que viven arriba me cuentan sus cosas, y pues en una oficina todas son una puritanas de mierda, ay no. Acá estoy bien, mira, puedo hasta fumar. Como sea, toma la siguiente.
- Es esta - Sentenció Emilia dejando caer la cuarta carta. Era la serpiente en llamas boca abajo.
- Esto si a no me gustó. - Dijo apresurada Barbara tomando la carta entre sus manos para verla mas de cerca, como si la carta de pronto le pudiera informar de algo más.
- ¿Por qué? ¿Qué dice?
- Dice que vas a sufrir una traición de alguien muy cercano. Las serpientes siempre indican intriga, pero que esté en llamas significa que es un rencor del pasado lo que la impulsa. Creo que se trata de una traición por el hecho de que está boca abajo, pues es algo que no se ve venir, por verse todo al revés ¿ Me comprendes?
- ¡Ay no! Horrible - Dijo Emilia fingiendo para sus adentros
- Yo tomaré la primera, la del amor. No es que siempre sea asi. Es que me gusta, como para darle drama - Río entre dientes la pitoniza. - La ¿QUÉ ES ESTO? - Gritó la mujer.
- ¿Otra traición? - Instó Emilia
- No, no...la carta en blanco... bueno... significa paz. - Dudó la pitoniza algo confundida - Es todo, linda. ¿Algo que quieras preguntar?
- No, muchas gracias - Emilia tomó su mano y la apretó con fuerza. - Ya me dió todas las respuestas que buscaba.
La pitonisa despedió a Emilia todavía algo consternada por el reciente evento de la carta blanca. Seguramente en su visión no se percató que fue una carta dejada a proposito por Emilia, que iba por la calle muy feliz mientras tachaba de su lista mental el hecho de descubrir que la adivinación no era más que un embauque.
La muchacha, bastante satisfecha por saber que habia dejado en evidencia a la charlatana se dirigía ahora a hacer lo mismo en la iglesia que había visto de camino al consultorio de Bárbara. Definitivamente iba convencerse que realmente no existía el más allá, así como logró demostrarse a sí misma que no existe un destino gracias al Tarot.
Desde que había estado desauciada y al hallarse sin tiempo de buscar una fe de qué agarrarse; Emilia había decidido desmentir todas las creencias y darse cuenta que lo valioso era el presente y la animaba saberse que aunque no tenía tiempo, hacia algo divertido por ella misma, ella misma era su luz y su verdad, desenmascarando charlatanes. Nunca, como en ningun momento se había sentido más viva, con la adrenalina al cuello de saber que en cualquier momento podría hallarse de pronto con la verdad absoluta de las cosas, o por el contrario darse ella misma la razon por siempre. De cualquier modo salía ganando ella.
Atravesó la calle y entró a la iglesia, fría y solemne.
¿Padre, puedo confesarme? - Saludó aprovechando que no había nadie "Aquí voy de nuevo" se dijo a sí misma.